Rudolf Hommes Rodríguez

Infraestructura y crecimiento

Ningún país se ha desarrollado sin infraestructura.

Rudolf Hommes Rodríguez
POR:
Rudolf Hommes Rodríguez
mayo 29 de 2011
2011-05-29 11:11 p.m.
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Ningún país se ha desarrollado sin infraestructura. El rápido crecimiento de España o China se ha basado en un acelerado desarrollo de su infraestructura que les ha permitido incorporar a más segmentos de la población al mercado y conectarse con el mundo.

En una presentación de Felipe González, en un foro en Colombia hace unos años, hizo énfasis en el desarrollo de infraestructura para promover crecimiento económico, para crear grandes empresas nacionales y como vehículo de inclusión de los marginados al sistema económico, vía promoción de empleo y oportunidades.

Un trabajo de César Calderón y Luis Servén, del Banco de Chile y el Banco Mundial (The Effects of Infrastructure Development on Growth and Income Distribution) analiza los efectos de la infraestructura sobre el crecimiento económico y la distribución del ingreso, y estima que ambos son positivos y muy significativos, pues su impacto sobre el crecimiento puede ser superior a los cálculos que se hacen para evaluar proyectos de este tipo.

Por ejemplo, simulan, qué les hubiera pasado a Ecuador o Colombia –que están muy atrasados en infraestructura– si entre 1996 y 2000 hubieran realizado inversiones en esta para ponerse a la altura de Corea del Sur o de Nueva Zelandia (como lo han hecho en períodos de 4 años China, Turquía, Indonesia, Corea del Sur y Malasia). Ello le hubiera representado a Colombia y a Ecuador un aumento en las tasas del crecimiento del PIB del orden de 3 puntos porcentuales por año.

Un análisis que he llevado a cabo con unos colegas para los promotores de un proyecto de transporte férreo complementario al programa de carreteras que tiene el Gobierno, permite pensar que una inversión de esa naturaleza puede acercar la calidad de la infraestructura colombiana a la de Costa Rica, y contribuiría 0,21% adicional al crecimiento anual del PIB cuando entre en operación.

La pregunta que se debería hacer para ayudar a la decisión en estos casos es ¿cuánto estaría un gobierno dispuesto a pagar por un proyecto que le aporte, por ejemplo, un punto adicional a la tasa de crecimiento anual del PIB? Depende de la tasa de descuento que se aplique para traer al presente los beneficios futuros. Si se aplica una tasa financiera de retorno del capital, la inversión que estaría dispuesto a hacer el Gobierno para obtener ese punto adicional de crecimiento sería del orden de 10% del PIB. Si se aplica la tasa de descuento que recomiendan los economistas, el Gobierno podría pagar 2 ó 3 veces más. Un proyecto que genere ese mayor crecimiento y cuyo costo sea inferior al señalado califica para ser sometido a análisis de factibilidad y eventualmente ser ejecutado.

En la actualidad, varios proyectos que cumplen con este criterio corren el riesgo de ser rechazados por razones fiscales, que no son necesariamente válidas o porque no se han incorporado los posibles beneficios que aparecen después como resultado de la inversión.

El costo de perder oportunidades o rechazar buenos proyectos por falta de análisis puede ser muy superior al riesgo de emprenderlos. Sería un error carísimo (de los que en estadística se conocen como de tipo II) que se puede evitar con una pequeña inversión en estudios.

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