Rudolf Hommes Rodríguez

¿Qué se juega en Grecia?

Rudolf Hommes Rodríguez
Opinión
POR:
Rudolf Hommes Rodríguez
marzo 02 de 2015
2015-03-02 01:46 a.m.
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Lo que sucedió con Grecia es que los otros países europeos le mantuvieron abierto el crédito durante cuatro meses más, a cambio de la promesa por parte del nuevo gobierno griego de que no va a echar para atrás ciertas reformas en marcha, incluida la privatización de varias empresas, e implícitamente de que no iba a renegar de la deuda externa.

Del otro lado, se relajaron las aspiraciones europeas, particularmente las de Alemania, de implantar un régimen de severa austeridad en Grecia.

Syriza, el partido que ganó las elecciones en Grecia tuvo que escoger entre incumplirle parcialmente a su electorado, parte del cual estaba febrilmente poniendo su patrimonio a salvo en bancos del exterior, o lanzarse al abismo que le ofrecía la opción conocida como ‘Grexit’ (Greco salida) que consistía en abandonar el Euro en condiciones muy desfavorables, agudizadas por la fuga masiva de capitales, que posiblemente hubieran provocado un apretón de la economía griega muy superior al que la comunidad europea aspiraba a imponer.

El recién electo primer ministro Alexis Tsipras y su llamativo ministro de hacienda, Yanos Varoufakis, han combinado un estilo heterodoxo con un gran sentido de lo que es posible, recurriendo a toda su capacidad imaginativa para ceder y echarse para atrás sin perder cara completamente.

Varoufakis se refiere a la carta que tuvo que enviarles a sus interlocutores europeos como un ejercicio en “ambigüedad constructiva”, y de acuerdo con ella ha dicho, por ejemplo, que para ir cumpliendo con las exigencias que se le han hecho de aumentar el IVA va a aplicarle una mayor tarifa a artículos que no tienen impacto.

A pesar de este evidente “mamagallismo”, el parlamento alemán aprobó con los votos de una notoria mayoría la extensión del crédito a Grecia por otros cuatro meses, a la espera de llegar a un acuerdo más firme al final de este periodo.

Paul Krugman en el New York Times de la semana pasada celebra que haya prevalecido la sensatez y que dicha la misma proviene en parte de que otras naciones de la comunidad europea, Francia e Italia específicamente, han excedido los niveles admisibles de endeudamiento, con el consentimiento de las autoridades europeas, y que están disminuyendo esta deuda en cinco años, pagando tasas de interés irrisorias.

Mal puede exigírsele a Grecia –que ha perdido un cuarto de su producto bruto interno desde el 2008 y que enfrenta una seria crisis humanitaria– que genere superávits primarios suficientes para pagar la deuda externa en condiciones mucho más severas.

Según Krugman, en las condiciones de depresión de la economía griega, un superávit primario, por pequeño que sea, es un sacrificio enorme, y que el Gobierno del partido Syriza está dispuesto a hacerlo, pero hasta donde aspiran sus acreedores.

Ya casi se cumplen cien años desde que Keynes escribió su famoso libro sobre las consecuencias económicas de la paz, en el que calificaba de equivocadas las condiciones de reparación que le impuso a Alemania el Tratado de Versalles, que la tenían en la ruina y a su pueblo al borde de la desesperación.

Quizás conviene volver a leerlo para entender por es necesaria flexibilidad y mesura en la solución que se acuerde para Grecia (y en España).

Rudolf Hommes

Exministro de Hacienda

rhommesr@hotmail.com

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