Rudolf Hommes Rodríguez

Propuesta tributaria

Rudolf Hommes Rodríguez
POR:
Rudolf Hommes Rodríguez
octubre 15 de 2012
2012-10-15 10:31 p.m.
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Con el proyecto de reforma que le está proponiendo el Gobierno al Congreso, se busca, aparentemente, generar empleo formal, mejorar la equidad del sistema tributario, aumentar el número de personas que tributan y el recaudo de los impuestos a las sociedades, y reducir las cargas parafiscales para promover el trabajo, manteniendo neutralidad en el recaudo.

Sin duda, tiene sentido rebajar las cargas fiscales vinculadas al salario, porque ellas actúan como un desestímulo a la oferta de empleo, aunque algunos economistas creen que esa rebaja no va a tener efecto sobre el mismo, como no lo tuvo la liberalización del régimen laboral que redujo el costo del trabajo.

Es difícil creer que si este costo baja, los empleadores no van a contratar más trabajadores. Si reducen las cargas parafiscales, va a ser posible dirimir mejor esta controversia.

El problema es cómo financiar esta rebaja y qué efectos tiene esa financiación sobre la demanda y la equidad.

El Gobierno busca disminuir los impuestos a la nómina y la tasa de impuesto a la renta de 33 a 25%, pero crea otro tributo a la renta del 8%, con menores deducciones.

Se da la impresión de bajar tarifas de renta, pero en realidad se aumenta ese impuesto subiendo los gravámenes de todas las empresas por la vía de reducir las exenciones e incluyendo como contribuyentes del nuevo impuesto a la renta a las que operan en zonas francas o tienen convenio de estabilidad tributaria.

No se sabe si el efecto neto de estas acrobacias fiscales es favorable para las compañías, y si lo es para el empleo, pero es claro que no contribuyen a la transparencia del sistema tributario y complican procedimientos que son originalmente enredados y confusos.

El objetivo de comunicarle equidad al sistema tributario no parece cumplirse.

Se incluye a nuevos contribuyentes de ingresos bajos que antes no tributaban, a la vez que se favorece a los de altos ingresos.

Un documento de Santiago Pardo muestra varios ejemplos que señalan esto: la reducción del impuesto de ganancia ocasional o la eliminación de la renta presuntiva para capitales ociosos. Querer rebajar el IVA de los langostinos y elevar el del bocadillo, reducir el impuesto de renta de las pensiones más altas (¿las de congresistas?) y aumentar el de las más bajas, gravar el consumo de frutas, pan y alimentos básicos, y rebajar los del consumo de licor en bares son quizá errores inadvertidos, pero no ayudan en la presentación y crean preocupación sobre el cuidado con el que se redactó la reforma y la ausencia de empatía con la ciudadanía.

Es necesario reducir los impuestos a la nómina.

También lo es aumentar el número de personas que tributan y los impuestos que pagan.

Bajar el impuesto a la ganancia ocasional, y aun eliminarlo, puede ser mejor que continuar con la proliferación de formas legales imaginativas para evitarlo.

Y se requiere comunicarle al sistema tributario mayor equidad y eficiencia. Pero, ¿es esta reforma la mejor manera de hacerlo, sin suficiente discusión o análisis, y de forma apresurada?

Sería mejor que se hiciera en el 2013, sin urgencias y con mayor claridad. Por ejemplo, se podría admitir parte del impuesto a la nómina como un anticipo del impuesto de renta y compensar esta reducción con la eliminación de incentivos a la inversión, como lo propusieron Rodrigo Botero y Domingo Cavallo, incrementar los impuestos de las personas naturales y el número de individuos que tributan.

Rudolf Hommes R.

Exministro de Hacienda

rhommesr@hotmail.com

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