Rudolf Hommes Rodríguez

Solvencia de las constructoras

La inversión de capital, es importante para el desarrollo de la infraestructura.

Rudolf Hommes Rodríguez
POR:
Rudolf Hommes Rodríguez
mayo 16 de 2011
2011-05-16 07:00 a.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/23/56ccbf52f0b4a.png

 

El diario Portafolio divulgó la semana pasada que el Grupo Aval está incursionando con fuerza en el sector de la construcción de obras públicas y que participa en varias licitaciones de este tipo muy importantes.

Ojala más grupos financieros hicieran lo mismo porque uno de los factores que se necesitan para transformar la construcción de este sector, alejándolo del caos en el que se encuentra, es que ingresen al sector empresas bien capitalizadas, con músculo y respaldo financiero.

Las compañías constructoras se ganan las licitaciones mucha veces sin poner un peso de su bolsillo o aportando poco y hacen maromas para que aparezcan los anticipos y desembolsos que les da el Gobierno como capital para obtener financiación del sistema financiero, la cual que es apalancada al extremo, a medida que el capital aportado se aproxima a cero.

Esta es una de las razones por las cuales se quiebran las empresas, hacen operaciones financieras indeseables, o incluso ilegales que pueden llevar a los propietarios y a sus ejecutivos a la cárcel, o a la ruina, y causan demoras en la ejecución de las obras o que estas no se lleven a cabo como estaba programado. La ausencia de un capital de tamaño adecuado es un clásico ejemplo de riesgo moral, que es una situación en la cual las condiciones de un negocio, por ejemplo, inducen a los empresarios a ejecutar acciones que son perjudiciales o indeseables. En este caso, el empresario constructor toma todo el riesgo que puede porque entre mayor riesgo asuma mayor es la rentabilidad.

Si las cosas salen bien quedan ricos, pero si salen mal son otros los que tienen que soportar las consecuencias, por lo general el Gobierno y el público.
María Mercedes Prado, quien compartió los resultados y las conclusiones de los análisis que ha realizado, cree que los requisitos financieros de los procesos licitatorios de las concesiones de tercera generación son inadecuados “frente a la dimensión de los proyectos y el nivel de riesgos que asume el concesionario.

En las licitaciones recientes se exige acreditar solvencia patrimonial del proponente con un valor mínimo de patrimonio neto. La relación entre el valor mínimo exigido y el presupuesto de obra es del 10 al 15% del valor de la obra. La exigencia de un patrimonio mínimo en estos casos no guarda ninguna relación con la magnitud del riesgo asumido”. En las concesiones de primera generación que tenían mayores fallas en la estructuración, este problema fue más agudo, como es el caso de la carretera Santa Marta-Paraguachón, por ejemplo.

El requisito de solvencia patrimonial debería ser del orden del 25 o 30% del valor presente del presupuesto de ejecución del proyecto si el riesgo de construcción es moderado. Además, las reglas de los procesos licitatorios se deben revisar. Las que operan permiten acreditar el requisito de solvencia patrimonial con mucha imaginación.

La manera como se acreditan los aportes permite que el capital efectivo sea muy inferior al exigido. Por estas razones es que, aun después de hacer consideraciones sobre la inconveniencia de que el capital financiero incursione en otras ramas, es deseable para el desarrollo de la infraestructura, que los grupos financieros participen con capital en los grandes proyecto nacionales y que no se adjudiquen estos a pequeñas firmas que no pueden responder por los riegos.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado