Rudolf Hommes Rodríguez

Temas para una reforma educativa

Rudolf Hommes Rodríguez
POR:
Rudolf Hommes Rodríguez
febrero 24 de 2014
2014-02-24 05:30 a.m.
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Aprovechando el llamado que hace Moisés Wasserman para que se reglamenten muchos aspectos de la educación superior que andan por ahí sueltos, es necesario revisar otros que también deberían tenerse en cuenta a la hora de proponer una nueva ley educativa o en las discusiones en curso para darle un viraje profundo a la política de Estado para la educación superior.

El tema de acceso a la educación superior debe ser uno de los principales focos de atención. Como está organizado el sistema hoy, los estudiantes que provienen de hogares de más ingresos tienen mayor acceso. Para el resto de la población, se le da preferencia explícita a los más inteligentes y a los que vienen de familias con un mayor nivel de educación, que son los que califican en las pruebas de ingreso. Por eso, el estudiante típico de las universidades públicas no es de estratos uno y dos. Los estudiantes que provienen de estos estratos, excepto los más brillantes, no tienen acceso a las mejores universidades públicas, y menos a las privadas. En cada generación se reproduce y acentúa la (mala) distribución de oportunidades.

Para romper este cuello de botella para la movilidad social tiene que haber claridad sobre lo que se desea alcanzar. En el medio universitario, sobre todo en las universidades más prestigiosas, se hace mucho énfasis en favorecer a los mejores. Esto tiene origen en el deseo de mantener o aun mejorar el nivel académico de la institución, que es un objetivo razonable, pero se convierte en un mecanismo de cooptación de los mejores y los más capaces, y de exclusión del resto, los más pobres y los que florecen más tarde en la vida.

La reforma educativa que se estaba gestando en Alemania, antes de que Hitler llegara al poder, puede ser un espejo. Creaba caminos para que miembros de la clase obrera tuvieran acceso a optar por el bachillerato clásico, que les abriría las puertas de la universidad, y para que los miembros de la élite pudieran aprender oficios. Se evitaba de esa manera que desde muy temprana edad se definieran cuáles serían las opciones de los jóvenes, y que los de origen popular estuvieran inexorablemente condenados a ocupar los puestos más bajos en la escala ocupacional. Los mismos propósitos referidos al ambiente institucional colombiano deberían estar presentes en la discusión que se adelanta.

Posiblemente, se requiera integrar la educación técnica y la educación para el trabajo con la educación superior, pensar en educación remedial o niveladora y crear vasos comunicantes entre instituciones y puerta abiertas para que estas otras formas de educación posecundaria no sean callejones sin salida, sino escalones de ingreso a las universidades a nivel de tercer o quinto semestre. Esto exige rediseñar la educación media y crear las reglas y los estándares para la operación de estas instituciones y su coordinación con las universidades y los colegios.

Los mejores colegios privados ya les permiten a los estudiantes de los cursos superiores de bachillerato tomar las materias del programa básico de las universidades con las que tienen convenios. Los colegios públicos deberían ofrecer esta posibilidad en coordinación con universidades públicas y privadas.

Rudolf Hommes R.

Exministro de Hacienda

rhommesr@hotmail.com

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