Sandra Forero Ramírez
columnista

Un aporte fundamental

Sandra Forero Ramírez
Opinión
POR:
Sandra Forero Ramírez
marzo 15 de 2016
2016-03-15 08:54 p.m.
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Con gran expectativa se recibió el dato de crecimiento económico para el 2015. La cifras reportadas por el Dane de 3,1 por ciento para el año completo, y del 3,3 por ciento para el cuarto trimestre, estuvieron por encima de la proyección media de los analistas.

El sector de edificaciones mostró una variación anual en su valor agregado para el cuarto trimestre de 6,8 por ciento, luego de variaciones para los tres primeros trimestres del año de 2,1, 8,9 y -8,2 por ciento, respectivamente; llevando así a un consolidado anual de 2,1 por ciento. Respecto al trimestre anterior, el crecimiento reportado fue de 7,9 por ciento, muy por encima del registro de la economía en su conjunto, que para ese mismo periodo tuvo una variación de 0,6 por ciento. Con esto, la participación del valor agregado del sector de la construcción al total de la economía llegó a 3,2 por ciento, siendo el nivel más alto de los últimos años.

Es importante destacar, además, el dinamismo de las actividades inmobiliarias conexas a la construcción, en las cuales se agrupan, entre otros, el valor agregado que generan los procesos comerciales y de gestión inmobiliaria ligados al desarrollo de los proyectos constructivos. En ese frente, se registraron variaciones anuales de 3,2 y 3,1 por ciento para el cuarto trimestre y el año completo, respectivamente. En resumen, sin el aporte directo e indirecto del sector, la economía hubiese tenido un desempeño aproximado de 2,77 por ciento anual.

Ahora bien, más allá de las anualidades y de la regularidad típica de las cuentas nacionales respecto al desempeño del sector, que entre otras cosas suele darse en una cadena de valor que aporta diferencialmente a lo largo de dos años, y que va desde el diseño de proyectos, pasando por su comercialización y su efectiva construcción, deben ponerse sobre la mesa aspectos estructurales del aporte sectorial al desempeño económico del país.

La construcción de edificaciones y la política pública de vivienda han venido creando en los últimos años un soporte estructural al funcionamiento productivo. Un sector que en los últimos cuatro años ha incrementado en 28 por ciento su valor agregado, frente a un promedio nacional de 13 por ciento, sumado al impulso en demanda de insumos y empleo, que genera un volumen constante de área en construcción que supera los 23 millones de metros cuadrados, pone de manifiesto una contribución fundamental para la economía en el mediano plazo.

Por eso, si desde la actividad edificadora se esperan grandes aportes, no debe solo pensarse en los estímulos a la demanda, sino en los factores estructurales que permiten que esos impulsos se materialicen en el territorio mediante la oferta oportuna de proyectos. Un caso ejemplarizante es Bogotá. En 2015, en el país se iniciaron 2,1 millones de m² más de construcciones que en el 2014 (12 por ciento), cifra que en Bogotá fue negativa en 583.000 m² (-12 por ciento), y que, en efecto, se refleja en una reducción dramática del empleo directo del sector en la ciudad.

La recomendación es, aprovechar los programas de vivienda y los estímulos de política y de mercado que mueven la inversión inmobiliaria en las regiones, como dinamizadores de su crecimiento; y en el mediano plazo, hacer que la construcción apoye la trasformación productiva local y se convierta en el aporte fundamental que va a requerir la economía del país para los próximos años.

Sandra Forero Ramírez
Presidenta de Camacol

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