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Con el cierre de la negociación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Corea del Sur, la economía colombiana inicia un capítulo inédito: el del estrechamiento de los lazos con Asia.
En los últimos años, Colombia ha negociado diversos acuerdos comerciales, primero con países con un grado de desarrollo similar al nuestro, y después con naciones más avanzadas. A esa segunda camada pertenecen el TLC con Estados Unidos y el que se firmará a fines de este mes con la Unión Europea.
Pero a pesar de esa nutrida actividad, muchos veían el cierre de una negociación con un país asiático como un objetivo plausible, pero remoto. El atractivo era evidente.
Desde hace años Asia se ha convertido en el principal motor de la economía mundial, y en ese sentido el estrechamiento de los vínculos con esa región constituye la oportunidad de consolidar importantes fuentes de demanda para nuestros productos.
De hecho, varios países de América Latina ya habían detectado esa posibilidad y nos habían tomado la delantera en el fortalecimiento de los lazos con las economías asiáticas.
Consciente de esa situación, el Gobierno colombiano ha venido avanzando en distintos frentes para recuperar el terreno perdido. Una prueba de ello es la consolidación la semana pasada de la Alianza del Pacífico, un proyecto conjunto de Colombia con México, Perú y Chile que busca dinamizar nuestro comercio con los mercados del otro lado del océano.
Entre tanto, la Cancillería ha intensificado la apertura de representaciones diplomáticas en la región, y lo propio ha hecho Proexport con nuevas oficinas comerciales.
Pero en medio de los buenos vientos, también había sido evidente el temor de algunos sectores productivos colombianos sobre el potencial competitivo de sus pares asiáticos.
Esa preocupación se había manifestado especialmente en el caso de los automóviles y los electrodomésticos de la llamada ‘línea blanca’, donde Corea del Sur ha demostrado tener una gran productividad. Para redondear la complejidad del ambiente que se vivía hasta hace unos días, el equipo negociador coreano había sido reticente a abrir su mercado a varios productos del sector agropecuario en los que Colombia tiene grandes oportunidades.
En ese contexto, el proceso que terminó en la madrugada de ayer deja el buen sabor de una negociación equilibrada.
Colombia ha logrado acceso preferencial a Corea del Sur en plazos muy cortos para productos que se exportan hoy en día a ese mercado, como el café, las flores y el azúcar, y para otros que tienen un buen potencial como la carne, la avicultura, las frutas, las hortalizas y los productos lácteos.
Esos logros han sido reconocidos por la SAC, el gremio del sector, que ayer mismo celebró los resultados de la negociación.
Entre tanto, el equipo colombiano logró unos plazos de desgravación razonables en nuestro mercado para los productos más sensibles de la industria nacional.
En un periodo de diez años se eliminará el arancel de los automóviles, los camiones y algunos electrodomésticos, mientras que los de la ‘línea blanca’ tendrán doce años para su desgravación.
Por supuesto que la eliminación de los gravámenes a las importaciones constituye un inmenso desafío para estos sectores, pero ello hace parte de una realidad insoslayable: la necesidad imperiosa de elevar su competitividad en unas cadenas de valor cada vez más globales, en las que los países asiáticos tienen un rol dominante.
El TLC con Corea del Sur constituye la puerta de entrada a una mayor integración de la economía colombiana con Asia.
Finalmente estamos estrechando los lazos con la región económica más dinámica de este siglo, lo que pone de presente la magnitud de la oportunidad y también del desafío.
Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
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