Sergio Calderón Acevedo

El reto del Emisor

Sergio Calderón Acevedo
Opinión
POR:
Sergio Calderón Acevedo
junio 12 de 2016
2016-06-12 08:12 p.m.
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Parece que por estos días todas las variables macroeconómicas están desajustadas y que su comportamiento efectivo contradice lo que pregonan las autoridades. El paciente, la economía colombiana, manifiesta preocupantes síntomas: desempleo de doble dígito y creciente informalidad; déficit externo sin fondo, que augura nubarrones para el tipo de cambio y para la calificación de riesgo del país; déficit fiscal salido de cauce, a pesar de las persistentes reformas fiscalistas; apagón en las exportaciones y en la inversión extranjera, aunque los responsables del tema digan que esto se compensa trayendo cruceros con turistas que dejan en puerto y en divisas lo del almuerzo de un día.

Y así, son cada vez más las dolencias y menos los esfuerzos por aliviar los síntomas. Parecería como si los responsables del tema, desde el gobierno, por pereza, estuvieran esperando al cambio de turno para dejar el tratamiento al médico que lo suceda.

Mientras tanto, la inflación retoma el ritmo galopante de épocas lejanas. Pronto será de doble dígito en las estadísticas oficiales, aunque lo es desde hace rato en los bolsillos de los colombianos. Y los codirectores del Banco de la República, cuyo mandato legal es controlar esta fiebre, se ven en aprietos para hacerlo con sus herramientas tradicionales. Han aplicado tímidas dosis de incremento de la tasa de interés, sin resultado palpable, porque hasta ahora esta no era una inflación de demanda que haya que apagar restringiendo el crédito, sino que fue inducida por la falta una política cambiaria coherente y por los estragos que produjo ‘El Niño’ sobre la oferta agropecuaria.

Tampoco han servido las intervenciones en el mercado cambiario, porque los anuncios de compra o venta de divisas por parte del Emisor siempre se traducen en reacciones de los agentes cambiarios, que especulan en contra para producir luego utilidades en sus mesas de intermediación, empobreciendo las reservas internacionales. Como siempre, las utilidades son privadas, pero las pérdidas son socializadas.

Nunca ha sido fácil ser codirector del Emisor, pero esta coyuntura representa un reto especialmente delicado. Deben empezar por aceptar que al gobierno no le interesa la austeridad, por lo cual deberán bajar la inflación desde su propia esquina, evitando una recesión inducida por excesivos incrementos de la tasa de interés.

Hay, sin embargo, una razón para no preocuparse demasiado por nuevos incrementos del costo del dinero: la inflación ha subido tanto, que la tasa de interés real es ahora negativa, como no lo ha sido nunca, y ello es lo que justifica el incremento. Subir ahora la tasa de interés hasta en 400 puntos básicos puede producir, sin inducir una recesión, el efecto de aliviar la devaluación, pues se hace más atractivo para los extranjeros traer sus capitales. La evidencia estadística demuestra que la actividad económica en Colombia solo se resiente con tasas de interés reales por encima de 5 por ciento, como cuando el endeudamiento irresponsable de la administración Samper llevó la tasa de interés real a casi 20 por ciento, precipitando a la economía colombiana en la única verdadera recesión de su historia.

También puede evitar un desmesurado endeudamiento del sector privado y de los hogares, porque el dinero es regalado, que podría atizar más la inflación. Lo que falta en la fórmula es que el presidente de la junta, que es el mismísimo Ministro de Hacienda, se comprometa a moderar el gasto del gobierno y a no emitir más deuda, para no quitarle efectividad al tratamiento.

Sergio Calderón Acevedo
Economista

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