Sergio Calderón Acevedo
columnista

Balance del día sin carro

El pasado jueves se llevó a cabo el día sin carro en Bogotá, una enorme ciudad, cuya población ya supera ocho millones de habitantes.

Sergio Calderón Acevedo
POR:
Sergio Calderón Acevedo
febrero 04 de 2018
2018-02-04 06:04 p.m.
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El pasado jueves se llevó a cabo el día sin carro en Bogotá, una enorme ciudad, cuya población ya supera ocho millones de habitantes. La primera versión fue realizada el 24 de febrero del 2000, y es uno de los buenos logros del alcalde Enrique Peñalosa, quien era también el burgomaestre en ese entonces. Este legado de su primera administración es reconocido internacionalmente como el más grande del mundo de su género.

Luego de casi 20 años, es conveniente hacer un balance de logros, y señalar posibles cambios y mejoras que puede hacer Peñalosa antes de terminar su presente mandato.
Hago mis observaciones como entusiasta participante, pues aprovecho ese día para sacar mi bicicleta, ir a la universidad, y realizar un largo trayecto que puede incluir reuniones de trabajo. Un poco más de treinta kilómetros de recorrido me ayudaron con estas reflexiones.

En el último día sin carro se registró el mayor número de viajes en bicicleta: cerca de cinco millones y medio. Posiblemente, alcance para postular este resultado como marca mundial. Esto significa indudables beneficios para la salud. Adicionalmente, alrededor del evento se generan empleos y negocios que contribuyen a impulsar la economía de la ciudad, afectada por el freno de la economía nacional.

Sin embargo, hay varios objetivos que no están siendo cumplidos y que merecen atención. El primero es el muy limitado efecto ambiental. Fueron puestos fuera de circulación cientos de miles de vehículos particulares, pero siguieron circulando las decenas de miles de buses, camiones y contaminantes vehículos diésel, que con sus inmundos humos y sus emisiones cancerígenas, siguieron evitando el alivio a la contaminación del aire. Es una lástima que los encargados del tema en el Distrito y en Minambiente se rehúsen a prohibir el letal combustible, como están haciendo cientos de ciudades europeas. Llegó la hora de tomar en serio la movilidad eléctrica, incrementando los estímulos para la compra de carros limpios y obligar a las empresas de buses a chatarrizar sus vetustos vehículos movidos con diésel. Lo mismo para los vehículos de carga, los taxis y las motocicletas.

También hubo congestión, tanto de vehículos automotores como de bicicletas. Hay tantas excepciones a la norma, que a duras penas se alivia el tráfico en las horas pico. Y las segundas, porque los encargados de las ciclorrutas ponen demasiados avisos que obstruyen la movilidad, y asignan doble vía a las calzadas, con lo cual todos se mueven a la velocidad del más lento. Se requiere mejor planeación y mayor actividad de la policía, la cual brilló por su ausencia.

A pesar de que se busca que más personas usen el transporte público, quienes realmente acuden a ese medio son quienes siempre, de todas maneras, lo hacen. La medida no afecta a “usted no sabe quién soy yo”, ni a ningún privilegiado que tiene vehículo blindado, no porque esté en peligro, sino porque tiene los medios para conseguir más privilegios en uno de los países más desiguales del mundo. Lo que debería ser un evento incluyente, logra así todo lo contrario. Hay que seguir fomentando y facilitando la movilidad. No solo con día sin carro, sino con más planeación y pensando en la sostenibilidad ambiental.

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