Sergio Calderón Acevedo
columnista

El ejemplo alemán que no seguimos

Las relaciones bilaterales son preocupantes: una embajadora que pasa más tiempo en Bogotá que en Berlín, apagando incendios en Palacio.

Sergio Calderón Acevedo
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Sergio Calderón Acevedo
abril 02 de 2017
2017-04-02 04:17 p.m.
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Si las elecciones en Alemania se llevaran a cabo hoy, la canciller Ángela Merkel sería nuevamente la gobernante para el cuatrienio 2017-2021, al mando de su Unión Cristiana, y con la necesaria coalición con el socialismo moderado del nuevo ídolo, Martin Schultz.

Con este resultado, seguramente el vicecanciller y ministro de Asuntos Exteriores sería Schultz, un político de carrera que hasta hace pocos meses ocupó la presidencia del Parlamento Europeo. Vale la pena mencionar que la convención de su partido, el SPD, lo eligió hace dos semanas como su Director con 100 por ciento de los votos de los delegados, algo que ni siquiera pudieron lograr Helmuth Schmidt ni Willi Brandt.

No hay otra fórmula posible que logre la regla de mayoría parlamentaria que exige la Ley Fundamental, vigente desde 1949, cuando se refundó el país al mando del legendario Konrad Adenauer. Se discute si sería posible que el socialismo, a pesar de no ser el partido mayoritario, podría formar una coalición con el partido verde de Katrin Göring-Eckardt y el carismático Cem Özdemir, y la izquierda radical de Katja Kipping.

Esta fórmula rojo - rojo - verde existe hoy en Berlín y en el estado federal de Turingia, pero produce escozor y rechazo, especialmente en las filas del socialismo moderado, porque muchos de sus líderes consideran que la izquierda (Die Linke) tiene sus raíces en la oscura Stasi, la policía secreta del régimen comunista de la RDA.

Frau Merkel puede pronto unirse a la liga de titanes, junto con Adenauer (1949- 1963) y el ‘gigante’ Helmuth Kohl (1982- 1998), como los únicos en haber logrado tres reelecciones sucesivas. Y cada uno ha dejado profunda huella en la mayor potencia europea del presente siglo. Adenauer logró refundar la república y poner en marcha el milagro económico alemán, de la mano del mítico Ludwig Erhard. Kohl forjó la exitosa reunificación, arrebatando la RDA de las garras de la Unión Soviética. Y Merkel ha solidificado el liderazgo de su país en la Unión Europea, convirtiéndose en la voz cantante contra la disonancia del separatismo.

También ha logrado manejar a los líderes machistas y ásperos como Putin y Erdogan, con su habilidad para la diplomacia. Al mando de la CDU, Alemania ha logrado ser la potencia que es hoy, y lo seguirá seguramente siendo en el próximo futuro, aunque no se puede descartar del todo que la SPD llegue nuevamente a la Cancillería, la cual perdió en el 2005.

Aunque en las elecciones de septiembre participará la oscura AfD, la ultraderecha nacionalista antiEuropa, y posiblemente obtenga 10 por ciento de los votos, ello no les alcanzará para ser motivo de preocupación.

Son muchísimas las lecciones que Colombia tiene para aprender del país germano, pero los hechos más recientes de las relaciones bilaterales son preocupantes: una embajadora que pasa más tiempo en Bogotá que en Berlín, apagando incendios en Palacio y siendo ahora el verdadero poder detrás del trono.

Y una oficina comercial a la deriva, luego de una vergonzosa destitución que no trascendió mucho en los medios, sin que haya algún asomo de llenar la vacante dejada después del fiasco, cortamente vivido. Como diría María Isabel Rueda, el comercio exterior no es el fuerte de Ricitos de Oro, y las posibilidades que ofrece el mercado alemán no están en su agenda. Al fin y al cabo, lo único que le gusta de Alemania es el lounge de Primera Clase de Lufthansa.

Sergio Calderón Acevedo
Economista
sercalder@gmail.com

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