Sergio Calderón Acevedo
columnista

El tijeretazo

Hasta que no se reduzca la hinchazón del gasto, no podremos retomar la senda del crecimiento que permita, ahí sí, reducir impuestos.

Sergio Calderón Acevedo
POR:
Sergio Calderón Acevedo
diciembre 03 de 2017
2017-12-03 05:03 p.m.
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Varios de los candidatos y precandidatos a la presidencia hablan de la necesidad de reducir los impuestos, y prometen hacerlo como uno de sus primeros actos de gobierno. Tienen toda la razón, y es claro que, además de reducirlos, hay que hacer una cirugía profunda a la estructura tributaria, para eliminar algunos y crear otros más acordes con la realidad de la economía, que quedará en huesos después de dos cuatrienios perdidos.

Seguramente, hay que empezar por el narcotizante cuatro por mil, seguir con el de patrimonio, que algunos proponen dejarlo permanente, y no dejar sin mirar el de las ‘bolsitas’, que hasta ahora ha producido el único efecto de incrementar los ingresos del Estado sin beneficio alguno para el medioambiente.

Pero hay que tener en cuenta que la reducción de impuestos es una etapa posterior a la profundísima reforma del Estado que deberá emprender el próximo presidente. Recortar los ingresos sin medidas compensatorias, equivale a botarse de un avión sin paracaídas.

Primero hay que recortar el gasto público, y en magnitudes grandes, de manera que se alivie la presión sobre la deuda pública, cuyo servicio se estima para el 2018 en 53 billones de pesos. Por la imprudencia fiscal del régimen, que ha triplicado la deuda en ocho años, deberemos pagar más de un millón de pesos por cada habitante en la próxima vigencia fiscal.

Hay mucho de donde recortar. Al fin y al cabo, este gobierno creó dos ministerios que ya existían, mediante una carísima escisión. Creó también un gabinete paralelo. El sector presidencia ya le cuesta al país casi un billón de pesos, mientras que a la cultura se destina menos de un tercio de eso. Crearon también un sinnúmero de acrónimos de bajo impacto y alto costo, como la UNGRD, la APC, la ART, la ACR, entre muchos más. Si usted es capaz de decir qué hacen o cómo se llaman, se podría pensar en no eliminarlas.

Incluso la costosísima caja negra de la UNP (Unidad Nacional de Protección), la cual se encarga de proveer las camionetas llenas de escoltas, para miles de colombianos que no las necesitan. Proteger a tanto ‘usted no sabe quién soy yo’ nos costará en el 2018 461 millardos de pesos, y lo que se le adicionará apenas los políticos que se ganaron unas curules en el Teatro Colón empiecen a andar por la calle.

Pero donde hay más campo para recortar es en el sector de Defensa. Terminada la ‘guerra’, y legalizado el narcotráfico, unas Fuerzas Armadas de casi medio millón de efectivos puede ser reducida a la mitad, sin mayores traumatismos. Allí podríamos ahorrar casi 15 billones de pesos, que equivalen a un par de reformas tributarias. En el sector existe, desde el 2006, la Agencia Logística de las Fuerzas Militares, la cual administra un billón de pesos en suministros y contratos. Seguramente, allí pueden aparecer importantes ahorros.

Contrasta lo anterior con los bajos valores presupuestados para organismos de control y vigilancia. No les den más: de pronto encuentran más entuertos. Hasta que no se reduzca la hinchazón del gasto, que necesita urgente un corticoide y una dieta racional, no podremos retomar la senda del crecimiento que permita, ahí sí, reducir los impuestos.

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