Sergio Calderón Acevedo
columnista

La vía de Europa

A 25 años de la creación del Ministerio de Comercio sería conveniente que el Gobierno adelantara un revolcón en el sector para dinamizar procesos.

Sergio Calderón Acevedo
POR:
Sergio Calderón Acevedo
abril 16 de 2017
2017-04-16 06:18 p.m.
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Hace menos de un mes se conmemoró la firma de los Tratados de Roma (sí, fueron dos), constitutivos de la Comunidad Económica Europea (CEE) y de la Comunidad Europea de Energía Atómica (Euratom). Mientras que la segunda aún existe y opera, e incluso ha recibido recientemente nuevos miembros, la primera ha sufrido un profundo proceso de transformación, y hoy es conocida como la Unión Europea.

Seis países fueron los fundadores, y hoy son 28, aunque pronto se producirá el lamentable retiro del Reino Unido. El inevitable brexit restará a los desertores, e indudablemente a los que permanecen en el heterogéneo grupo. Los principales promotores del Tratado fueron el canciller alemán, Konrad Adenauer, y el exprimer ministro de Francia, Robert Schuman, aunque por los galos firmó los tratados el ministro de Asuntos Exteriores, Christian Pineau. Italia, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo fueron los otros firmantes.

Aunque el grupo nació como una zona de libre comercio, paulatinamente avanzó en la integración económica, y en 1968 logró consolidar una unión aduanera. Inspirados en las teorías de Jacob Viner, el economista canadiense de origen rumano, y fundador de la exitosa Escuela de Chicago, la CEE supo aprovechar los beneficios del libre comercio y generar una unión creadora de comercio, la cual, sin duda alguna, es la responsable de la prosperidad europea actual y de la acelerada disminución de la pobreza de sus países miembros, en la medida en que se han ido incorporando. Fe de ello dan Grecia (1981), España y Portugal (1986), y los países de la antigua Cortina de Hierro a partir de los años noventa.

El más grande logro ha sido la consolidación, a partir del Tratado de Maastricht, de la Unión Europea. Con este se oficializó la libre circulación de capitales y de mano de obra, que ha permitido un mayor desarrollo de las zonas más pobres, por la creciente inversión de los países más ricos, especialmente Alemania, y corrientes migratorias de los países orientales y meditarráneos para renovar las envejecidas poblaciones germanas y escandinavas.

Podría decirse que la cúspide del proceso se produjo con la introducción de la moneda común, el euro. Pero es en este tema en el cual se han producido los mayores desacuerdos, pues algunos países con economías más frágiles, como Grecia y Portugal, han perdido algo de la autonomía en el manejo de sus políticas internas, y se han visto sometidos a dolorosos, pero necesarios, ajustes para lograr competitividad en un grupo altamente productivo.

Son muchísimas las lecciones que debe aprender Colombia de los 60 años de la integración europea. La más importante es que el libre comercio debe basarse en realidades económicas y no en presiones políticas. Los TLC han recibido duras críticas, y la verdad es que muchos de ellos han producido enormes déficits comerciales. Nuestros negociadores deben ser técnicos con profundos conocimientos de la realidad del aparato productivo. Y los titulares de la cartera deben ser verdaderos economistas, con comprensión cabal de las implicaciones del comercio en la macroeconomía.

A 25 años de la creación del Ministerio de Comercio, y de la institucionalidad que lo apoya, sería conveniente que el gobierno adelantara un revolcón en el sector para dinamizar los procesos de integración que tan pocos resultados han mostrado hasta ahora. Conformarse con que las exportaciones aumentan por la disparada de los precios de las materias primas es mantenernos indefinidamente en la pobreza.

Sergio Calderón Acevedo
Economista
sercalder@gmail.com

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