Sergio Calderón Acevedo
columnista

Las posestadísticas del Dane

Debe haber más de uno en la Ocde preguntándose si las cifras que les envía el gobierno colombiano son ciertas. Lo mismo debe estar ocurriendo en las agencias calificadoras de riesgo, el Banco Mundial y el FMI.

Sergio Calderón Acevedo
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Sergio Calderón Acevedo
marzo 08 de 2018
2018-03-08 02:41 p.m.
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El gerente de una empresa le preguntó al contador: “Rodríguez, ¿cuánto ganaremos este año?”. Y el contador respondió: “¿cuánto quiere que ganemos, jefe?”.

En el tema de contabilidad creativa hay muchos cuentos, y cuando todos pensaban que el anterior era el mejor chiste, el 15 de febrero nos salieron con uno mejor. Pensando que todo el mundo se lo creería, el director del Dane nos comunicó que el crecimiento del PIB en el 2017 había sido 1,8 por ciento. No había terminado la frase, cuando Mauricio Cárdenas ya trinaba que, para disgusto de los que esperaban algo menor, la economía había superado todas las expectativas. Es más, expresó que éramos los mejores entre los peores, porque a otros países no les había ido tan bien.

Varias cosas no nos contaron: que el agro había crecido 1,1 por ciento en el último trimestre; que 18 sectores de la industria manufacturera presentaban caídas, hasta de 10,4 por ciento, como la metalmecánica; que las comunicaciones, en pleno auge del internet, cayeron 0,9 por ciento, y que llevan 9 trimestres en caída; que el comercio cayó en el último trimestre, que es cuando más vende.

No nos contaron lo que no conviene. Solo aquello que disimule el derrumbamiento del sistema productivo, de los sectores que generan la riqueza. Solo el auge de los que la transfieren o intermedian, como el sector financiero, o de los que la destruyen mientras más crecen, como el gasto público, escondido bajo el rimbombante nombre de “actividades de servicios sociales y comunales”. Estos crecieron 3,8 y 3,4 por ciento, respectivamente. Pero hasta ellos saben que esto no es sostenible. Que pretender inflar el PIB con gasto público solo se logra hasta que la recesión hace que ni con endeudamiento se consiga los recursos para la artimaña.

Pero hay algo más grave detrás de todo. Esconder la realidad de la evolución de la economía, para evitar críticas, es una cosa. Pero cambiar la información ya publicada y divulgada, para lograr el ‘efecto Rodríguez’, es otra.

El 15 de mayo del 2017, el Dane había anunciado que el PIB del primer trimestre había crecido 1,1 por ciento. El 15 de agosto del 2017, dijo el Dane que el del segundo trimestre lo había hecho en 1,3 por ciento. El 15 de noviembre, en medio del júbilo de Cárdenas, dijeron que el tercer trimestre mostraba la “evidente recuperación”, pues el PIB había crecido 2,0 por ciento. Pues el día del anuncio de la cifra del cuarto trimestre, y del año, las páginas del Dane, del Emisor, y de todos los despachos encargados de la economía decían que no, que los índices anteriores ahora eran, respectivamente, 1,6, 1,7 y 2,3 por ciento, y que con ello se lograba lo que el jefe había pedido: que no hubiera recesión.

Debe haber más de uno en la Ocde preguntándose si las cifras que les envía el gobierno colombiano son ciertas. Lo mismo debe estar ocurriendo en las agencias calificadoras de riesgo, e incluso en el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. La seriedad y la independencia del sistema estadístico colombiano están en duda, y la confianza se debe estar derrumbando. Pero a Juan Manuel Santos no le importa. Él cree que todo está “perfetimente” correcto.

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