Sergio Calderón Acevedo
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Lo que no nos cuentan de la reforma

Como los legisladores leen menos que los que votaron por el ‘Sí’, me tomo la tarea de hacer un resumen de perlas que aprobarán con generosa mermelada.

Sergio Calderón Acevedo
Opinión
POR:
Sergio Calderón Acevedo
octubre 23 de 2016
2016-10-23 08:57 p.m.
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Leer el texto de la reforma tributaria toma mucho tiempo, no solo porque son 183 páginas, sino porque es un documento muy técnico, que además mezcla los más variados temas y los presenta todos de una vez, como miscelánea de pueblo. Si a esto se suma las otras 206 páginas del documento de exposición de motivos, se tiene un ladrillo más denso que el desaprobado acuerdo en La Habana. Y como los legisladores leen menos que los que votaron por el ‘Sí’, me tomo la tarea de hacer un breve resumen de algunas perlas que aprobarán a pupitrazo, con una generosa capa de mermelada, porque, al igual que en el plebiscito, hay que aprobarlo en pocas semanas, sin oportunidad de oír a los que sí lo lean.

* La renta presuntiva sube de 3 a 4 por ciento. Mal menor, pero incluido secretamente.

* Los computadores antes tenían exención de IVA hasta 82 UVT (¿saben los congresistas qué es una UVT?), es decir, unos 2,5 millones de pesos. Ahora, únicamente 33 UVT, esto es apenas 1 millón de pesos. Tabletas y teléfonos inteligentes, antes 43 UVT, ahora solo 22 UVT. Reversazo total en temas TIC y de competitividad. Ni hablar del golpe a los padres de jóvenes estudiantes que quieren proveerles buenas herramientas de trabajo.

* La tarifa general del IVA sube inmediatamente de 16 a 19 por ciento, no paulatinamente como lo anunció el precandidato Cárdenas. Basta leer el artículo 181 del proyecto.

* Se crea un ‘impuesto al carbono’ (artículo 208 del proyecto), que recae sobre todos los combustibles fósiles, a razón de 15 mil pesos por tonelada de CO2 potencial de cada uno. Loable esfuerzo por frenar las emisiones que producen el calentamiento. El problema es que esto no desestimula su consumo porque los precios de algunos de ellos están amañadamente fijados para no recibir más regaños de camioneros y otros desestabilizadores. Y lo peor es que los recursos así recolectados no están destinados a limpiar los perjuicios causados por estos, sino que alimentan el recaudo general del Gobierno para que pueda gastar más en otros rubros.

* El artículo 268 exime de cualquier impuesto a vehículos automotores de propiedad de entidades públicas. No habrá, entonces, freno a la compra de camionetas suntuosas que parquean donde ‘les da la gana’, y que ruedan hasta por las calzadas del Transmilenio.

* Finalmente, la gran perla: nos ilusionamos con la penalización a la evasión. Así, por lo menos, lo presentó el precandidato Cárdenas. Pero al leer el texto (artículo 289), se constata que es solo para la “omisión de activos o inclusión de pasivos inexistentes” por valor equivalente a 7.250 salarios mínimos (¡lo que ganaría un obrero en 600 años!). Nada se dice de los profesionales y rentistas que siguen desentendiéndose de sus obligaciones con el país más desigual del mundo. No aplica para los funcionarios que revelaron patrimonios completamente desinflados. No aplica para los que verdaderamente temen a los castigos de prisión, con celdas inmundas y hacinadas. No aplica para nadie, porque los que ocultan más de los 5 millardos de patrimonio, los tienen en donde nadie los puede encontrar: en sociedades en el extranjero, bajo raros nombres, que nunca conducen a ellos.

Tanta espera para aprobar algo tan malo. Pero hay que hacerlo, porque si no, las agencias calificadoras “pueden reiniciar la guerra”.

Economista
sergio.calderon@urosario.edu.co

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