Sergio Calderón Acevedo
columnista

Ni ‘Suizombia’, ni ‘Colghanistán’

Si bien nuestros talibanes prometen dejar las armas, estamos lejos de lograr estabilidad política y económica. 

Sergio Calderón Acevedo
Opinión
POR:
Sergio Calderón Acevedo
septiembre 18 de 2016
2016-09-18 04:58 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/19/56c786ab05c57.png

Dentro de una semana se firmará el acuerdo final de cese al fuego, que pondrá fin a la guerra que contra los civiles emprendió la subversión hace muchos lustros. Y dentro de dos se llevará a cabo el plebiscito, que lo eleve a rango constitucional y lo blinde de cualquier intento por revocarlo. Algunos están convencidos de que este episodio nos salvará de la inminente degradación por parte de las agencias calificadoras de riesgo, porque al día siguiente la inversión extranjera llegará a chorros. Y afirman que de paso quedará resuelto el roto estructural de las cuentas externas, uno de los más altos del mundo.

Si bien nuestros talibanes prometen dejar las armas, estamos muy lejos de lograr estabilidad política y económica, elementos esenciales para recuperar la confianza de los inversionistas. Aunque Colombia haya avanzado en el proceso de implementar las reformas que le permitirán, tal vez, ser aceptada en el club de buenas prácticas de la Ocde, falta mucho más para ambientar un mejor clima de negocios y ascender en la escala mundial de la competitividad.

No habrá inundación de divisas, ni filas interminables de inversionistas extranjeros para ingresar sus capitales, ni bajará la inflación por el súbito incremento de la oferta de bienes, ni cambiarán las estructuras de poder e influencia que mantienen a nuestro país en un grado extremo de desigualdad. Tampoco se resolverá el tema de movilidad en las ciudades, ni la extendida evasión tributaria por parte de decenas de miles de insolidarios ciudadanos, ni la deserción escolar, ni la corrupción que nos roba la infraestructura y los alimentos de los niños en edad escolar y preescolar. No se resolverá de un día para otro el hacinamiento en las prisiones, ni los paseos de la muerte por la guerra de las ambulancias. Tampoco se legalizará Uber, a pesar de que es, evidentemente, mejor que el servicio que presta el ‘Estado Amarillo’.

El 3 de octubre, seguramente, seguiremos teniendo un elevadísimo índice de impunidad por todo tipo de delitos y mentiras. Los buses y camiones seguirán inundando nuestros pulmones, y los de nuestros hijos, con su inmundo humo negro, aunque se diga que el azufre del acpm ha disminuido por mandato de ley. Los leñadores furtivos seguirán depredando nuestros bosques y contribuyendo al calentamiento global. Las generadoras de energía continuarán oponiéndose a la reglamentación que permita que cualquier persona produzca unos pocos kilovatios hora con páneles solares o molinos de viento, y que los venda libremente a la red.

Cuando la Registraduría dé a conocer los resultados de la consulta, en la noche del 2 de octubre, Colombia no habrá resuelto ninguno de sus problemas ni entrará al primer mundo, al lado de los países europeos. Pero a partir de ese momento se habrán acabado todas las disculpas y argumentos que han servido para que, en la cultura del ‘es que’, nuestros gobernantes y legisladores nos hayan mantenido en el atraso, el feudalismo y la vergüenza por su inacción, su omisión o su desgreño.

Habrá, entonces, tiempo para reformar la justicia, racionalizar el gasto público, penalizar la evasión, mejorar la educación y la salud, y acabar con la impunidad que no permite que en Colombia se imponga el imperio de la ley y el monopolio de la fuerza por parte del Estado. Todo lo que se ha dejado de hacer, porque estábamos dizque en guerra.

Sergio Calderón Acevedo
Economista
sercalder@gmail.com

Nuestros columnistas

día a día
lunes
martes
miércoles
jueves
viernes
sábado