Sergio Calderón Acevedo

La verdadera reforma estructural

Sergio Calderón Acevedo
Opinión
POR:
Sergio Calderón Acevedo
febrero 28 de 2016
2016-02-28 07:00 p.m.
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La Agencia Estatal de Administración Tributaria anunció que en el 2015 pudo recuperar 15,7 millardos de euros (equivalente a 60 billones de pesos) por concepto de intervenciones por fraude fiscal (evasión, facturación falsa, informalidad y otras prácticas) y deudas de contribuyentes. Ello representa 1,5 por ciento del PIB ibérico y es el resultado de la enorme presión que ejerce la agencia sobre las personas y empresas españolas que persisten en engañar al Estado y a todos los ciudadanos de bien.

Al mismo tiempo, en una cárcel de Landsberg, ciudad de Baviera, el exastro alemán de fútbol, Uli Höness, cumplió hasta el pasado fin de semana la pena de tres años de cárcel por ocultar del fisco germano un patrimonio de 50 millones de euros, que, aunque legal, no había sido reportado por el exjugador del Bayern München y de la selección teutona. Su reprochable conducta le costó el cargo de presidente de la junta directiva de su famoso equipo y unos mil días de encarcelamiento, además del pago total de los impuestos que debía y altísimas multas. También sufrió el rechazo general de la sociedad alemana, que se toma muy en serio estas conductas, pues la evasión es considerada un delito contra todos y cada uno de los más de 80 millones de alemanes.

En abril del 2008, el actor estadounidense Wesley Snipes fue condenado a tres años de prisión por evadir 17 millones de dólares al fisco de su país y, como en los otros casos, tuvo que pagar los tributos que debía con sus respectivos intereses y multas contempladas por la ley.

En muchos países, la evasión fiscal es considerada un delito grave y es castigada.

Representa no solo una ofensa criminal, sino el desconocimiento de la obligación de cada ciudadano de aportar al mantenimiento de la burocracia estatal, a la ampliación de la infraestructura, al pago de las deudas colectivas y a balancear las cargas con otros miembros de la sociedad que tienen menores ingresos.

En Colombia, no obstante, la evasión no pasa de ser una infracción que se compensa, en el remoto caso del descubrimiento, con el pago de la deuda, los intereses y las respectivas multas. Los intentos por penalizar esta conducta han fallado siempre que se presenta una iniciativa legislativa. Todas nacen muertas porque su solo anuncio produce la fuerte reacción de grupos de presión, en los cuales, seguramente, hay grandes evasores que no quieren convertirse en grandes contribuyentes.

Aunque es imposible medir la magnitud de la evasión en nuestro país, sí hay acuerdo en que no es menor a 5 por ciento del PIB. Ello es mucho más de lo que hace falta para tapar de una vez el hueco fiscal, y su control efectivo podría proveer los recursos requeridos para aliviar la extrema desigualdad social que ubica a nuestra nación en los últimos lugares del mundo en este tema.

Es lamentable que el Gobierno siga pensando que la reforma estructural de las finanzas públicas pasa por el aumento del IVA, un impuesto regresivo, y por castigar la formación de capital y el trabajo de quienes dependen de un salario. Los sucesivos incrementos de impuestos hacen ahora de Colombia uno de los países menos atractivos para invertir y estimulan la evasión, la cual nunca será reducida a través de mayores tasas de tributación.

La verdadera reforma estructural pasa por la penalización de la evasión, la reducción de impuestos impagables y el mayor fomento a la formalización.

Sergio Calderón A.
Economista
sercalder@gmail.com

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