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Suenan tambores de guerra
Junio 7 de 2012 - 7:22 pm
Después de la matanza de Hula, el ejército regular retomó el bombardeo de la ciudad, provocando 62 nuevas víctimas, y ante estos hechos, los rebeldes del Ejército Libre de Siria han pedido a Kofi Annan que declare oficialmente el fracaso del plan de paz.
Transcurrido más de un año desde el inicio de los levantamientos populares en Siria, no son pocos quienes dicen oír tambores de guerra. Bashar al-Assad evidenció desde el principio su negativa a caer del poder.
Pero las iniciales represiones de las manifestaciones con francotiradores han derivado en un escenario de enfrentamientos y matanzas indiscriminadas hacia la población civil, como la ocurrida en Hula el 25 de mayo, que cobró la vida de un centenar de personas, la mitad de ellas niños.
En estos momentos, con más de 10.000 víctimas mortales, 230.000 desplazados internos y unos 60.000 exiliados, la encrucijada siria es evidente y, por una vía u otra, todo parece indicar que hablar de paz es escuchar cantos de sirena, si no somos ya testigos de una guerra civil iniciada.
La matanza en Hula ha conseguido la primera declaración unánime del Consejo de Seguridad condenando los hechos, aunque sin apuntar responsabilidades.
Es la primera vez que Rusia y China manifiestan oposición al régimen sirio, lo que abre el interrogante sobre la posibilidad de que el Consejo de Seguridad apruebe una intervención militar bajo la doctrina de la “responsabilidad de proteger”. Pero todo parece indicar que ni China ni Rusia van a propiciar esta vía.
Rusia está atada al régimen sirio por intereses comerciales y estratégicos, además de su poca simpatía por las protestas populares y reivindicaciones de derechos humanos.
La única base de la armada rusa en el Mediterráneo está en la ciudad siria de Tartus, y Rusia condicionó la condonación de la deuda del país (10.000 millones de dólares) a la compra de armamento, convirtiéndose así en uno de sus principales vendedores.
China también posee intereses comerciales y trata de evitar cualquier control de las potencias occidentales en Oriente Próximo, con repercusión en las políticas de hidrocarburos.
Pero aunque Rusia y China no ejerciesen su derecho de veto, no está claro que los restantes miembros permanentes tengan voluntad política de llevar a cabo una intervención como la desarrollada en Libia.
El contexto de elecciones presidenciales en EE. UU. explica las tibias reacciones de Obama ante el régimen sirio, así como su insistente apoyo al plan de paz de Kofi Annan, que hoy hace aguas. Hollande no ha descartado una intervención bajo el marco de la ONU y Cameron le ha seguido al paso, pero la crisis económica de la UE ha hecho que sus líderes miren hacia otro lado.
Se exhibe una vez más la incapacidad operativa de la ONU y su multilateralismo mutilado por ser, como dijese Danilo Zolo, la “Santa Alianza” (5 miembros permanentes) de la “Santa Alianza” (el Consejo de Seguridad).
Pero lo lamentable no es tanto que Rusia y China hayan obstaculizado una eventual intervención armada, decisión siempre controvertida, sino que su negativa se haya utilizado para no promover sanciones firmes como un embargo de armas, la suspensión de todos los activos del Presidente en el extranjero, o la remisión al Tribunal Penal Internacional de los supuestos delitos de lesa humanidad cometidos. Bajo este paraguas internacional, el alto al fuego del plan de paz ha sido violado sistemáticamente por ambas partes.
Unos días después de la matanza de Hula, el ejército regular retomó el bombardeo de la ciudad, provocando 62 nuevas víctimas mortales, y, ante estos hechos, los rebeldes del Ejército Libre de Siria han pedido a Kofi Annan que declare oficialmente el fracaso del plan de paz para tomar las armas contra el régimen.
Todo parece indicar que suenan tambores de guerra en un país oprimido bajo un régimen autoritario en el poder desde hace más de cuarenta años, una asfixiante crisis económica, y una diversidad religiosa en tensión desde la administración colonial francesa que favoreció a la minoría chií alauí (10 por ciento), convertida en la élite siria, frente a un 90 por ciento de población suní.
Sumada a las tensiones internas existe además una complicada partida de ajedrez que podría regionalizar el conflicto. Irán se resiste a la pérdida del poder chií que, pasando por Siria, llega hasta Líbano, y continúa desarrollando un programa nuclear que afianzaría su hegemonía regional; Arabia Saudí, tiene un plan de expansión del modelo wahhabí al mundo árabe y busca contrarrestar las aspiraciones iraníes; Israel, enemigo histórico de Siria, cuenta con capacidad militar para garantizar su seguridad en la zona; y Turquía, con 20.000 refugiados sirios y su expresa amenaza de intervención si peligra su seguridad, difícilmente podría abandonar el juego. Lamentablemente, los tambores anuncian también tiempos de sufrimiento.
Ángela Iranzo
Profesora de Relaciones Internacionales, U. de los Andes - Miembro de Redintercol
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