Tomás Uribe

¿Acuerdo de género?

Tomás Uribe
POR:
Tomás Uribe
septiembre 01 de 2011
2011-09-01 12:42 a.m.
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En Colombia y el mundo, muchas mujeres rechazan el ‘machismo gramatical’ del pasado y rehusan ser cobjiadas por susbstantivos masculinos: chairman (presidente), ‘secretario general’, ‘el hombre’ (en vez del ‘ser humano’), ‘amigos’ (cuando el término incluye hombres y mujeres)...

La manera de superar esta tradición machista depende del entorno etnolingüístico. Allí donde no existen dos formas claramente identificadas con el género (como waiter, mesero, y waitress, mesera), el inglés moderno se orienta hacia el uso de palabras ‘neutras’ o ‘ambigenéricas’ como chair/chairperson y humans (seres humanos), igualmente aplicables a hombres y mujeres.

¿Cuál sería el equivalente castellano? Podemos preferir ‘humanos’ a ‘hombre’ para referirnos a nuestros antepasados.

También hemos dejado de hablar de ‘azafata’ u (ocasionalmente) ‘sobrecargo’ para pensar en ‘tripulantes’ o ‘miembros de la tripulación’. Igual evolución ha tenido el inglés, con el tránsito de steward/stewardess a flight attendant.

En español, sólo las terminaciones ‘o’ y ‘a’ van casi siempre asociadas con hombre y mujer, varón y hembra.

Al pasar de una terminación a otra, se cambia de género: amo y ama, guerrero y guerrera, mendigo y mendiga. Lo propio ocurre con palabras como campeón y campeona, francés y francesa, héroe y heroína.

Las palabras terminadas en ‘e’ pueden ser tanto femininas (especie, parte, serie) como masculinas (cable, despliegue, límite) y esto también se aplica a las que terminan con consonante: cárcel y carriel, lápiz y nariz, sarampión y consunción.

Por ello, no se entiende la necesidad de hablar de ‘jefa’, ‘jueza’ o ‘presidenta’, cuando el uso de la ‘la jefe… juez… presidente’ superaría con igual propiedad (y acaso más economía y elegancia) la tradición machista que reservaba estos términos al género masculino.

La opción alternativa (generalmente limitada a las familias lingüísticas semítica e indoeuropea) consiste en adjuntarle una forma feminina a cada palabra masculina aplicable a seres vivos y que no termine con ‘o’, a la manera del alemán: diener y dienerin (sirviente y sirvienta), sekretär y sekrëtarin" (secretario y secretaria), minister y ministerin (ministro y ministra).

¿Valdrá la pena hacerlo en español? Allí donde tales formas ya existen o son una extensión lógica del uso establecido, santo y bien. Cuando un plural cobija ambos géneros, surte efecto similar el empleo yuxtapuesto del artículo feminino y masculino: ‘las y los amigos’, ‘las y los parientes’.

La corrección política en una lengua puede tomar orientaciones contrapuestas a las de otras. El inglés habría podido substituir chairman por chairwoman cuando de una mujer se trata, así como mantener steward y stewardess en vez de preferirles flight attendant.

Deliberadamente, no lo hizo: se aplica a borrar las diferencias de género cuando no son esenciales para caracterizar al sujeto aludido.

Proceder en otra forma marca una diferenciación que va más allá de la naturaleza del personaje o la función de su oficio y puede inclusive servir para discriminar. ¿No es éste también un criterio esencial en nuestro mundo hispano?

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