Tomás Uribe

Cultura de muerte, ayer y hoy

Las críticas invocan tanto los Derechos Humanos como su interés político y estratégico bien entendid

Tomás Uribe
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Tomás Uribe
noviembre 13 de 2008
2008-11-13 04:05 a.m.
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En El Tiempo del 2/11/08, Salud Hernández-Mora vincula las ejecuciones extrajudiciales con una arraigada "cultura de la muerte". Ésta ha marcado las guerras de la humanidad. La muerte a granel de combatientes y civiles fue vista históricamente como requisito de credibilidad y eficacia bélicas. Mientras sitiaban a Jerusalén (70 d.C), los romanos crucificaban de cara a la ciudad a quienes buscaban escapar: familiares, mercaderes, peregrinos.

10.000 personas fueron inmoladas a la vista de todos. Así obraba Vlad III Drácula en la Transilvania del siglo XV con los súbditos otomanes capturados. En la Segunda Guerra Mundial, los alemanes ejecutaban 10 civiles tomados al azar por cada funcionario suyo muerto por la resistencia antinazi.

La ética moderna condena estas atrocidades, empezando por la matanza de civiles. Las substituye el macabro 'conteo de bajas'.

La columnista destaca su uso en nuestros documentos oficiales.

En editorial del 30/10/08, El Tiempo recuerda el infausto apego norteamericano a este indicador en Vietnam. El general Westmoreland se aferró a él para demostrar que E.U. ganaría la guerra. Surtió dos consecuencias funestas: multiplicar muertes civiles por bombardeos, armas químicas (napalm, agente 'naranja') y masacres (en 1968, las víctimas de My Lai fueron presentadas inicialmente como 'rebeldes'); y distorsionar el análisis sobre la evolución del conflicto. A fines de 1967, Westmoreland veía 'la luz al final del túnel'. Diez semanas después, la 'Ofensiva del Têt' enterró estas ilusiones.

En la peor fase de la guerra de Irak (0ct/05), el general Casey revivió tan desacreditado indicador. Tras el exitoso 'Despertar' antiinsurgente suní, el general Petraeus lo desechó nuevamente. Priorizar bajas denota miopía estratégica y ética. Israel, en Gaza, E.U., en Irak, Afganistán y Pakistán, y Turquía, en Kurdistán, son acusados de 'castigar' las poblaciones civiles de donde provienen ataques terroristas contra sendos territorios. Las críticas invocan tanto los Derechos Humanos como su interés político y estratégico bien entendido: repudio internacional y desafecto de comunidades con quienes hará falta contar algún día para construir la paz.

Algo semejante habría ocurrido en Colombia, pese al respaldo ciudadano a la Seguridad Democrática, sin el 'remezón' del 29/10/08. Éste es a la vez tardío e histórico. Tardío, por las múltiples advertencias recibidas de tiempo atrás y el incentivo perverso, hasta hace poco vigente, de bonificaciones por bajas. El destituido general José Joaquín Cortés reconoce su rol cuando afirma que sus hombres "son premiados no solo por muertos en combates", sino también por "disciplina... obtención de caletas... detenciones... destrucción de laboratorios", aún si "los incentivos son días de descanso".

Histórico, al tiempo, el dramático aleccionamiento de Uribe al Ejército. Primer mandatario 'tropero' de la historia, ejerce a plenitud como Comandante en Jefe de las FF.AA. y puede desautorizar y reprender a sus altos mandos sin temor a desacato. La ofensiva seguirá y causará bajas, pero sin convertirlas en metas siniestras.

Es referencia alentadora el cuidado británico, muy superior al norteamericano, en aminorar 'daños colaterales' en Afganistán e Irak. La 'cultura de la muerte' es evitable. 

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