Tomás Uribe

Izquierda, Colombia y la Unión Europea

¿Bajo qué criterio, entonces, puede equipararse al socio europeo con el norteamericano y a la admini

Tomás Uribe
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Tomás Uribe
diciembre 09 de 2010
2010-12-09 05:46 a.m.
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El 7 de diciembre, nuestra izquierda se hizo presente en el Parlamento de Europa para manifestar que “los abusos a los DD. HH. siguen ocurriendo sobre una base casi diaria”, y “siguen siendo asesinados, con regularidad, políticos de oposición, sindicalistas y periodistas”. Peor aún, quienes perpetran estos crímenes “disfrutan de una impunidad casi total”. Según los organizadores del evento (Polo, CUT, CCJ… y sus aliados europeos), es tanto más paradójico que la Unión Europea (UE) “desee premiar a Colombia con un acuerdo de libre comercio”. Contrasta esta actitud con la de Estados Unidos, cuyo Congreso “desde hace tres años (…) rehusa ratificar un acuerdo (…) similar por cuenta de los abusos persistentes a los DD. HH.”.
Tradicionalmente, la izquierda colombiana era antinorteamericana y proeuropea. Le costó trabajo pronunciarse en contra de las negociaciones comerciales de Colombia, Perú y, en su momento, Ecuador y Bolivia con la UE, pero tras esta decisión, ha asumido un papel opositor integral. Personalidades de Recalca y del Polo vienen planteando, de tiempo atrás, que el acuerdo negociado con la UE es ‘igual o peor’ que aquel con EE. UU.
Pocos discuten que haya inercia en el crimen y sigan activos tanto grupos de emanación paramilitar como paramilitares ‘removilizados’. Entre la izquierda, tampoco se controvierte la excepcional buena voluntad de la administración Santos para terminar y revertir esta dramática herencia. En el seminario reciente sobre ‘Víctimas del Despojo’, resaltaba la consonancia entre líderes de la sociedad civil, empezando con el Director de Codhes, y representantes del Gobierno Nacional como Juan Manuel Ospina, gerente de Incoder, y Alejandro Reyes, asesor de Ministerio de Agricultura. En este contexto ¿por qué desde ahora le ‘cobra’ la izquierda a Santos un estado de hecho, cuya reversión bien puede necesitar todo su cuatrienio?
Cuando el senador Petro aterraba a sus interlocutores washingtonianos, en el 2004, al plantearles que el TLC con Colombia, de seguir adelante, “sólo beneficiaría a los paramilitares”, parecía usar el escenario comercial para apalancar internacionalmente la lucha por los DD. HH. Ahora sucede lo contrario: la izquierda acude al escenario de DD. HH. para apalancar la lucha contra nuestros principales acuerdos comerciales pendientes: con la UE y EE. UU. ¿Amerita el logro de esta meta táctica corresponsabilizar a un gobierno que lleva escasos cuatro meses por el muy complejo escenario de DD. HH.?
Tiene derecho la izquierda a ser antiglobalista en lo económico, aun cuando acoge la globalización de ideas. Para quienes hemos seguido ambas negociaciones, sin embargo, resaltan las diferencias. Desde una etapa temprana, resultaron significativamente menores las exigencias europeas en múltiples ámbitos: agricultura (por cuenta de la PAC), propiedad intelectual, defensa comercial y otras modalidades de acceso al mercado (usados y remanufacturados, zonas francas, Plan Vallejo…) y -por haberse iniciado la negociación antes de regir el Tratado de Lisboa- inversión y solución de controversias inversionista-Estado. Comulgan europeos y andinos en proteger la biodiversidad, recursos genéticos y conocimiento tradicional.
¿Bajo qué criterio, entonces, puede equipararse al socio europeo con el norteamericano y a la administración Santos con sus antecesoras? Si algo muestra el siglo XXI es que el fin nunca justifica los medios. El punto debe ser entendido por igual por izquierda y derecha, y serlo tanto en nuestros foros andinos como en Bruselas y las demás capitales europeas.

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