Tomás Uribe

Protección laboral: el ‘plan de acción’

Lo notable del ‘plan’ suscrito por Santos y Obama es que no era necesario para ‘destrabar’ el TLC.

Tomás Uribe
POR:
Tomás Uribe
abril 14 de 2011
2011-04-14 01:29 a.m.
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Esto lo sabían ambos presidentes. Junto con demócratas ‘procomercio’, los congresistas republicanos tenían bloqueada la agenda comercial de Obama mientras no incluyera tangiblemente a Colombia y Panamá. El ‘bloqueo’ incluía no aprobar al sucesor designado del Secretario de Comercio ni ratificar ‘a solas’ el TLC con Corea, único logro de Obama en comercio exterior hasta la fecha. Con todo, el que, Santos ayude a ‘destrabar’ a Obama de su compromiso con el sindicalismo norteamericano (no radicar ‘nuestro’ TLC sin mejoría significativa de la violencia antisindical) y del  impasse  de su agenda comercial es una jugada maestra. 

Como lo dijo hace poco un alto funcionario gremial norteamericano, la coalición procomercio “tiene los votos necesarios”. Bien habría podido sacar adelante el TLC con Colombia sin el concurso de la Administración, humillando a Obama. Gracias a Santos, esto no sucederá. Obama queda ‘debiéndoselo’ a Santos y este podrá ‘cobrar el favor’, incluidos la fijación de una fecha para radicar el TLC con Colombia (ya), pero también otros ámbitos en donde al país le sirve un apoyo gringo activo o pasivo (no oponerse), como nuestras relaciones con Unasur y Venezuela.

La habilidad de Santos consiste en haber otorgado… todo lo que a Colombia le venían reclamando sus críticos internacionales. Que algunos sindicalistas colombianos y gringos aún muestren reservas frente al ‘plan’ es problema suyo, no de Santos. Ante la mayoría de la opinión mundial, Santos ‘cumplió’, independiente de la ‘practicalidad’ y ‘verificabilidad’ de los compromisos adquiridos.

Si sale adelante el TLC Colombia-EE. UU. con apoyo demócrata y de Obama, será un mensaje contundente para quienes han de votar la ratificación de nuestros Acuerdos Comerciales en Europa, con Efta/Aecl y la UE. Todos ganan. Los sindicalistas ‘preconsultados’ sobre el plan han dado un paso importante. Aceptan, implícitamente, que la violencia antisindical afecta a maestros y trabajadores de la palma, entre otros. También se alejan de una postura monotemática cada vez menos creíble (la violencia antisindical como ‘plan de exterminio’ del sindicalismo criollo) y amplían sus reclamos. Como me lo escribe un lector, “las normas actuales hacen difícil la organización de los trabajadores” y, ante “las atribuciones de los patronos y sus estrategias de agresión, la legislación los deja con pocas posibilidades de acción”.

 Así seguirá siendo “cuando… desaparezcan los grupos que amenazan y atacan a los dirigentes obreros”, por “acciones destructivas empresariales” y un “marco legal en extremo adverso”. Eliminar estas restricciones es una meta legítima en cualquier democracia, aún si el ‘plan de acción’ usa un enfoque de microgestión irreal y puede ser objetado por otro lector, quien se identifica como víctima y considera que en Colombia no debe haber “víctimas de primera” (sindicalistas) y “segunda”, él incluido.

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