Tomás Uribe

¿TLC o TLCs?

La economía colombiana sigue siendo bastante protegida, con elevados arancel promedio.

Tomás Uribe
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Tomás Uribe
abril 28 de 2011
2011-04-28 01:49 a.m.
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¿Cómo conciliamos nuestras contradicciones quienes apoyamos el TLC con EE.UU. y su ratificación, pero también lo juzgamos un acuerdo mediocre?

Fui observador del Partido Liberal en el ‘Cuardo de Al Lado’ durante toda la negociación y mis informes a la Dirección Nacional Liberal reflejaban cierta dualidad.

En mis análisis de ‘beneficio-costo’ pesaba el alto costo de oportunidad de perder nuestro acceso preferencial al mercado de EE.UU. en un entorno político norteamericano que fragilizaba la continuidad del Atpdea. Esta conclusión también se apoyaba en nuestra lentitud para diversificarnos hacia otros mercados.

Al tiempo, expresaba dudas precisas con relación a lo negociado en agricultura y propiedad intelectual, y a las consecuencias del enfoque ‘institucional’ para la integración andina.

En mis informes, distinguía las concesiones ‘evitables’ de las ‘inevitables’ por la intensa presión política de EE. UU. a Colombia y del Congreso norteamericano a sus negociadores. Eran dos veces más las segundas que la primeras y esta misma proporción regía entre nuestras concesiones estratégicas. Las que recibíamos eran acaso la cuarta parte de las que dábamos.

Es muy poco lo que se negocia con EE. UU. Salvo circunstancia política extraordinaria, como la ‘toma’ demócrata de la Cámara de Representantes en el 2006 y su afán de modificar el capítulo de propiedad intelectual para consultar un criterio de salud público en el acceso a medicamentos, era ínfimo el margen de maniobra del negociador norteamericano.

Teníamos un equipo excelente y muy profesional, y mecanismos de concertación inusualmente amplios hacia fuera (Ecuador, Perú, sociedad civil de EE. UU.) y hacia dentro (gremios, sectores, Congreso, sociedad civil, algunas colectividades), pero sólo era dable negociar beneficios ‘al margen’. Con todo, fue mucho lo que aprendimos.

Se fortalecieron las instituciones nacionales que negocian acuerdos económicos y comerciales (Ministerios de Comercio, Agricultura y Hacienda, DNP…) y se forjó un equipo negociador interinstitucional aguerrido, como los de México, Brasil, Perú y Chile.

Este talento humano nos ha servido para acordar mejor con otros socios, incluidos Canadá y la UE, cuyo acuerdo ha sido demonizado por la izquierda y parte del sector agrario. La mayor justificación, finalmente, reside en los TLCs, antes que en el TLC. La economía colombiana sigue siendo bastante protegida, con elevados arancel promedio y dispersión arancelaria.

Esta bajó escasamente de 8,5 a 7,5 con la última reforma arancelaria, al tiempo que el arancel nominal caía desde un nivel alto (12,2%) hasta 8,3%. Subsisten picos arancelarios en los sectores agropecuario y automotor. Difícilmente podremos mejorar la competitividad sin profundizar la apertura y esta tiene que ser unilateral, bilateral o regional a falta de que ‘reviva’ la Ronda de Doha. También podemos bregar para 'interconectar' acuerdos distintos, si 'plurilateralizamos' normas técnicas y reglas de origen (acumulación diagonal) y contratación pública.

Más provecho le sacaremos al TLC con EE. UU. cuando empiece a ‘converger’ con los TLCs suscritos por ellos y nosotros con Canadá, México, Centroamérica, Perú y Chile.

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