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Tres apuestas por un Caribe de clase mundial
Julio 25 de 2012 - 10:17 am
Expogestión Caribe y la Cámara de Comercio de Barranquilla le han planteado a la región el reto de repensar un tridente de actividades que actualmente impacta su economía.
Teniendo en cuenta uno de los postulados de Michael Porter, según el cual “en la construcción de una estrategia regional es imperativo priorizar y secuenciar los esfuerzos, basándonos en aquello que nos permita desarrollar una posición competitiva distintiva”, Expogestión Caribe y la Cámara de Comercio de Barranquilla le han planteado a la región el reto de repensar tres actividades que actualmente impactan su economía: La bonanza mineroenergética, el agro y la biodiversidad.
Las tres apuestas constituyen una provocación para que empresarios, gremios, academia y gobierno adopten un rol más activo y tengan un diálogo más cercano y propositivo, para construir una región Caribe de clase mundial a partir de la identificación de clusters y transformación de las organizaciones, de manera que dupliquemos nuestra participación en la economía nacional y generemos prosperidad colectiva.
Como bien lo señaló Porter durante su intervención en Expogestión Caribe 2012, el capital natural que tiene la región para la agricultura, su ubicación, recursos naturales y minerales, es una herencia que por sí sola no genera riqueza, para lo cual tampoco es suficiente disponer de una infraestructura adecuada y desarrollar un HUB logístico atractivo.
“Hace falta más, porque en última instancia la competitividad depende de la calidad del ambiente de los negocios, el nivel de desarrollo de los clusters, y de la estrategia y sofisticación de las operaciones de las empresas”.
En el tema de la minería, la apuesta es pasar de una riqueza natural a una prosperidad regional.
No hay que olvidar que esta actividad crece a una tasa del 11% anual -impacta fuertemente el PIB nacional-, representa más del 20% de las exportaciones colombianas y tiene en el Caribe una de las zonas de mayor concentración, pues poseemos la cuarta parte de la explotación de minas y canteras, y el 90% de la extracción de carbón, al tiempo que cubrimos por lo menos el 10% del mercado mundial de ferroníquel.
Sin embargo, el reto es lograr que esta bonanza genere conocimiento que promueva en nuestras firmas ancla mineras una transformación organizacional hacia la innovación y el desarrollo del talento humano; construya un nuevo modelo de colaboración público-privado para acometer grandes apuestas, como la creación de la Escuela de Minería, en Valledupar; conecte la recuperación del río Magdalena con una industria relevante y dinámica, y fomente clusters adyacentes que involucren el desarrollo de proveedores y atraigan nuevas empresas conexas de mayor complejidad en servicios especializados como maquinaria y metalmecánica, químicos, electrónica, astilleros y TIC.
La exaltación del agro como una apuesta regional para crear valor compartido obedece a que, manteniéndose como una actividad tradicional, nos hace partícipes del escenario nacional con la tercera parte del ganado vacuno del país, una de las industrias palmeras más reconocidas en el mundo y la primera planta de producción limpia de aceite de palma en Colombia.
El reto parte de generar una mentalidad empresarial conectada con la economía global; industrializar y tecnificar el sector con innovaciones accesibles en paquetes genéticos, mejores prácticas y trazabilidad en los productos, y concebir modelos de negocios basados en la creación de valor compartido, dinamizando clusters en los que seamos competitivos y atendamos una demanda sofisticada, tales como la palma, el silvopastoreo, y los productos cárnicos y lácteos de alta calidad.
La región Caribe tiene condiciones excepcionales para el desarrollo de actividades y negocios alrededor de la biodiversidad.
Posee variedad de climas, playas, desiertos, sierras, cuerpos acuíferos, islas, fuentes de riqueza hídrica, el 20% de los parques y las reservas forestales del país, 16,7 millones de hectáreas terrestres, 53,4 millones de hectáreas marinas, 185 áreas prioritarias de conservación y 257 especies de fauna y flora, 38 de ellas endémicas.
Por ello, el tercer campo de actividades en el que planteamos una propuesta es el de las ciencias de la vida: Biosostenibilidad y conservación, servicios de salud y farmacéutica, y recursos hídricos, todos con futuro global. Sin embargo, estas actividades solo se convertirán en fuentes productivas para el Caribe si se incentiva la innovación, el emprendimiento, la investigación, la experimentación y la resiliencia.
Y si, además, se logran desarrollar centros de investigación aplicada, coliderados con empresarios, al tiempo que se coordinan megaproyectos regionales en torno al agua.
Ante la demanda creciente de productos y servicios en industrias relacionadas con las ciencias de la vida, que van desde el aprovechamiento del agua para generar energía hasta los tratamientos para enfermedades tropicales a partir de la biomedicina, el reto es crear riqueza desde la naturaleza, a partir de la innovación, el emprendimiento, la lógica del mercado, la investigación y la experimentación permanente, entendiendo que su conservación es un gran negocio.
Les corresponde a los ocho departamentos caribeños la obligación de dinamizar los clusters alrededor de estas actividades, porque como también lo dijo Porter en Barranquilla, la mayoría de las palancas de la competitividad residen en la región, pero esta solo será competitiva en la medida en que sus empresas puedan competir en una economía global y sostener el nivel de vida de sus ciudadanos.
Luis Fernando Castro
Presidente de la Cámara de Comercio de Barranquilla
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