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Nunca en la historia de la humanidad había sucedido algo semejante en un periodo tan corto, que cambiara la vida de tanta gente.
Eso es lo que afirma el Banco Mundial, al examinar lo sucedido con la telefonía móvil, que viene de completar 6.000 millones de líneas activadas en el planeta, ocho veces más que a comienzos de siglo. Para la entidad multilateral, tres cuartas partes de los habitantes de La Tierra tienen en sus manos un aparato que no solo les permite hablar con familia y amigos, sino desarrollar un negocio, hacer contactos y conectarse a Internet, en una proporción creciente.
El cambio es particularmente significativo en los países de ingreso medio y bajo, como Colombia. Si en el año 2000 la relación de usuarios de celulares era de cuatro por cada 100 habitantes, en el 2010 pasó a 72, lo que representa un incremento de más de 1.500 por ciento en una década.
De la mano de ese salto, han tenido lugar innovaciones que comenzaron en las economías emergentes y ahora están en todas partes. Estas van desde los teléfonos que aceptan varias tarjetas SIM, hasta el sistema de prepago con recargas de bajo monto o la posibilidad de realizar transacciones bancarias.
El efecto agregado ha sido inmenso.
El Banco Mundial considera que el crecimiento se ha acelerado y millones de personas han podido mejorar su calidad de vida al romper su aislamiento.
Pero así como dicha revolución –que no puede calificarse de silencios,a por cuenta de los timbres– ha tenido lugar, el organismo considera que el futuro es todavía más promisorio.
a razón es que de los servicios de voz se está evolucionando al de los datos, incluyendo las conocidas aplicaciones en los aparatos llamados inteligentes, de las cuales fueron descargadas 30.000 millones el año pasado.
Un caso típico es el del acceso a Internet. Mientras en el 2005 un 4 por ciento de las conexiones a la red global se hacía a través de móviles, un lustro más tarde la proporción era del 10 por ciento. Ahora, con la disminución paulatina en el costo de los planes, la llegada de una generación de aparatos más poderosos y baratos, y el arribo de tecnologías como la 4G, que permiten descargas mucho más rápidas, dicho indicador será claramente más alto.
Colombia, como es evidente, no se ha quedado atrás en esa tendencia.
Al cierre del primer trimestre del 2012, existían en el país 47,1 millones de líneas celulares activas, mientras que el 36 por ciento de los accesos totales de banda ancha –cerca de dos millones– se hacían de manera inalámbrica.
¿Qué viene a la vuelta de la esquina?
Aparte de un mundo cada vez más comunicado, en el que el concepto de la larga distancia suena obsoleto, el Banco Mundial identifica una serie de áreas importantes. Una de ellas es el impacto que pueden tener las comunicaciones móviles en la producción agrícola, tanto a la hora de mejorar las técnicas de cultivo, como de monitorear el clima y hacer más transparente la fijación de precios de la comida.
Un segundo aspecto es el de la provisión de servicios de salud, gracias a la proliferación de tabletas que hacen más fáciles los procesos de consulta y diagnóstico.
No menos importante es el cambio que se viene en el negocio financiero, pues la tecnología permite aumentar la bancarización e integrar a los más pobres a la economía formal.
Asimismo, existen amplias posibilidades a la hora de acercar el Gobierno a la gente, ya sea para mejorar la calidad del servicio público o la transparencia.
Como queda claro, lo sucedido hasta ahora es apenas un abrebocas. Pero para que las cosas salgan bien, hay que tener buenas políticas, que les garanticen a los ciudadanos tener tecnologías modernas a precios competitivos.
Colombia, que se apresta a abrirle de lleno la puerta al 4G, debería tener claro que cualquier error en la asignación de nuevas frecuencias, le puede salir muy costoso.
Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
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