Valeria Marulanda

‘Lobby’ y transparencia

Valeria Marulanda
Opinión
POR:
Valeria Marulanda
julio 01 de 2015
2015-07-01 01:53 a.m.
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Recientemente, junto con Portafolio, la Universidad del Rosario y Kreab, se llevó a cabo un evento sobre la transparencia en las relaciones Estado-empresa. Lo primero que hay resaltar es que lobby no es sinónimo de corrupción. El lobby es un acto legítimo de la democracia mediante el cual el sector privado, las ONG y otros actores de la sociedad participan en los debates de toma de decisiones, para que el legislador o el Gobierno tengan mejores argumentos y mayor información a la hora de decidir sobre diversos temas de interés nacional. Lo grave es que el legislador, regulador o el Gobierno queden capturados por intereses privados.

Por ello, la importancia de la transparencia en esta legítima y antigua profesión. Parte de la claridad pasa por revelar quiénes son los lobistas y para quiénes trabajan. Óptimo sería que se hiciera voluntariamente, pero como es una actividad satanizada, hay pocas probabilidades de que esto suceda. Por lo tanto, es fundamental que haya una regulación de la actividad. El senador Carlos Fernando Galán presentó una iniciativa ambiciosa en este sentido, la cual, principalmente, busca que haya un registro de los lobistas y de sus labores. No es la primera vez que se presenta en Colombia un proyecto con este objetivo, pero, infortunadamente, ninguno ha prosperado.

En países más desarrollados como en los europeos, esta actividad ante la Comisión Europea está regulada y el sector de lobistas lo ve con buenos ojos, pues crea barreras de entrada a la actividad y eleva los estándares. Características que cualquier ramo de la economía sabría apreciar. Además, para los mismos clientes es positivo, ya que al final garantiza mejor nivel en el debate, protege su reputación, al ser una operación reglamentada y hace que sus argumentos sean mejor recibidos. En Estados Unidos, el lobby también está legalizado, y cualquier persona en tiempo real puede ver qué firma está haciendo lobby, para quién y a qué congresistas ha visitado. En ninguno de los dos casos se ha logrado instaurar esto para el Ejecutivo, salvo en Estados Unidos, que se debe revelar únicamente quién visita a la Casa Blanca.

Parte de mejorar la democracia pasa por develar cómo es el proceso de toma de decisiones. Los lobistas trabajan en convencer a quienes tienen esta responsabilidad, con hechos y argumentos, y son los que saben cuál es el mejor momento para dar la discusión, la persona indicada a la cual hay que abordar y cuál es el correcto mensaje a entregar. Los lobistas deben ser expertos en los temas sobre los cuales abogan. Estos no son, per se, lo que el imaginario colectivo tiene en mente. Diferente es la corrupción, que es comprar conciencias.

Devolverle la importancia al lobista como un actor fundamental para la democracia, pasa por regular la profesión. Esto no solo da seriedad a la actividad, sino que robustece la democracia, aporta a la reputación del sector, compuesto por abogados, politólogos, entre otros, y mejora la de sus clientes en aras de la transparencia. No regularlo es permitir que unos pocos capturen al Estado. Bienvenida la iniciativa del senador Galán.

Valeria Marulanda D.

Consultora de comunicaciones estratégicas y asuntos públicos

vmarulanda@kreab.com

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