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El reporte hecho ayer por la firma Econometría, según la cual las ventas de vehículos nuevos en Colombia tuvieron un crecimiento del 1,7 por ciento y alcanzaron las 160.831 unidades en la primera mitad del 2012, muestra una relativa estabilidad en un sector que es útil para tomarle el pulso a la economía.
A primera vista, es claro que el país ha llegado a un nuevo piso en esta materia, ya que a pesar de ser muy similar al de igual periodo del año pasado, el dato supera en 50 por ciento al del 2010 y rompe con todas las marcas previas.
Por cuenta del comportamiento observado, los expertos en industria automotriz le apuestan a un número cercano a los 330.000 carros despachados, en el acumulado de diciembre.
Tales proyecciones deberían servirles de campanazo de alerta a las autoridades nacionales y locales, pues comprueban una vez más que el aumento del parque automotor no se va a detener.
En consecuencia, es inaplazable la labor de planeación de vías, carreteras y otras medidas complementarias, especialmente a nivel municipal.
Los atascos de tráfico que hoy desesperan a los habitantes de las principales capitales no harán más que seguir, así como las peticiones para que exista más y mejor infraestructura en todos los puntos de la geografía que la requieren.
No se puede olvidar que el país continúa a la retaguardia de América Latina en lo que hace a densidad vehicular, por lo cual –en la medida en que cierra la brecha– todo apunta a una expansión del mercado.
Si bien nadie sabe con precisión la fecha, los conocedores insisten en que no está lejano el día en el cual se vendan medio millón de autos nuevos al año.
Pero más allá de las tendencias de mediano y largo plazo, lo sucedido en el semestre pasado muestra variaciones importantes en distintos segmentos.
Puesto de otra manera, no todas las categorías se comportan de la misma forma.
Para comenzar, el ramo más dinámico es, de lejos, el de los camiones y las vans de pasajeros, que a mayo registraban un salto del 81 por ciento. Marcas conocidas de tractomulas experimentan incrementos en ventas que superan el 200 por ciento, lo cual puede ser consecuencia de una renovación del parque existente, como de la mayor competencia que produjo la eliminación de la tabla de fletes. Adicionalmente, la demanda de capacidad que ocasiona la producción petrolera tiene mucho que ver en lo ocurrido.
En contraste, los vehículos de pasajeros anotan una caída que ha sido relativamente sorpresiva.
Es cierto que las tasas de interés han subido, lo que incide en la capacidad de compra para los particulares que utilizan la financiación, pero otros elementos han aportado incertidumbre.
Un caso típico es el de la percepción –errada, por cierto– de que la entrada en vigor del TLC con Estados Unidos se iba a notar de manera inmediata en menores precios.
Otro tiene que ver con la intención del Gobierno de unificar el IVA en 16 por ciento, lo cual puede llevar a una parálisis en las decisiones de compra para aquellos modelos que hoy pagan 25 por ciento, si el desmonte no se hace de forma gradual.
Por otra parte, no deja de producir inquietud que el ramo de las pick ups, que son adquiridas por la industria y las empresas dedicadas a obras civiles, haya tenido una contracción del 12 por ciento a mayo. Aunque puede haber razones puntuales, una de ellas es –probablemente– la desaceleración de la economía.
Todo lo anterior ocurre sin que se haya perdido el optimismo sobre las posibilidades del negocio de la venta de vehículos.
Las cosas van relativamente bien, pero el consenso es que podrían ir mejor, en caso de no haberse dado señales contradictorias que influyeron sobre ciertos segmentos. Ahora, el desafío para el segundo semestre es recuperar el ritmo. Ojalá los encargados de desarrollar la infraestructura vial hagan lo propio.
Ricardo Ávila Pinto
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