Juan Manuel Ramirez M.
columnista

Paz al Congreso

Lo cierto es que el acuerdo de paz representa a un mayor número de sectores que antes, y eso legitima el camino a seguir en el Congreso.

Juan Manuel Ramirez M.
Opinión
POR:
Juan Manuel Ramirez M.
noviembre 07 de 2016
2016-11-07 04:41 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/19/56c7860c3a414.png

Hay tres caminos para la implementación del acuerdo de paz, una vez terminen los ajustes con los voceros del ‘No’: el primero es convocar a un nuevo plebiscito, lo cual es casi imposible por cuestiones de tiempo; el segundo es llevar a cabo un cabildo abierto, que puede terminar siendo un mecanismo complejo, y el tercero –más probable– es que se presente ante el Congreso de la República.

Esta última opción tiene una coyuntura en contra, y es la reforma tributaria que cursa en el Legislativo desde hace unos días. Su carácter de estructural no solo enrarecerá el ambiente del país, sino que agotará buena parte de las baterías del Congreso. Se trata de, en menos de dos meses, dejar aprobada una norma que aumenta los impuestos y otra que implemente los acuerdos de paz. Un panorama político nada fácil, que pondrá a prueba a la denominada ‘Unidad Nacional’.

En el listado de solicitudes para modificar el acuerdo de paz hay de todo un poco. Algunos voceros del ‘No’ reclaman unas mejores condiciones en la reparación a las víctimas, otros, mayor claridad en el capítulo de justicia especial, y algunos, precisión frente a ciertas definiciones asociadas con la inclusión de los grupos poblacionales minoritarios. En general, el equipo negociador del Gobierno ha acogido varias de las iniciativas y, en otros casos, ha solucionado inquietudes que más correspondían a interpretaciones no precisas de apartes del acuerdo.

Hay que reconocer que para los mismos voceros del ‘No’, por lo menos para algunos, ha sorprendido la capacidad de diálogo del equipo negociador con relación a sus propuestas. No eran muchas las apuestas que se hacían a favor del reconocimiento de sus solicitudes y menos aún de la posibilidad de sentarse a negociar. Hoy, lo cierto es que el acuerdo de paz representa a un mayor número de sectores que antes, y eso legitima el camino a seguir en el Congreso. Por ello la importancia y necesidad de tramitarlo con prontitud ante en Legislativo.

En medio de la expectativa por las modificaciones y la implementación del acuerdo de paz, las Farc han jugado un papel conciliador que también ha resultado una sorpresa en todo esto. Desde el triunfo del ‘No’, con o sin mentiras, se han fijado posiciones que han facilitado el diálogo con los diferentes sectores, incluso cuando las voces de la oposición pronosticaban que no se reconocerían los resultados. Esa disposición a negociar genera esperanza para el país.

En esta coyuntura, quienes deben tomar ejemplo desde lo político y jurídico son los negociadores de la guerrilla del Eln, que tienen en vilo al país por las liberaciones de los secuestrados que tienen en su poder. Bien hace el Presidente al exigir la libertad del político Odín Sánchez, quien está privado en las selvas del Chocó. Ese grupo debe entender que tiene una oportunidad histórica de lograr una paz duradera y sostenible, pero sin soberbia y con pruebas concretas de su compromiso con el proceso. Que no se extrañen de la exigencia de entregar a todos los secuestrados porque es lo mínimo que puede pedir un Estado demócrata y garantista de los derechos humanos.

Juan Manuel Ramírez Montero
Consultor
j@egonomista.com

Nuestros columnistas

día a día
lunes
martes
miércoles
jueves
viernes
sábado