Ricardo Villaveces P.
columnista

¡Pilas, caleños!

Ricardo Villaveces P.
Opinión
POR:
Ricardo Villaveces P.
mayo 01 de 2016
2016-05-01 10:24 a.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/19/56c7865def38d.png

Tuve la fortuna de vivir en Cali por 20 años, y desde hace 10 regresé a Bogotá, pero he podido seguir yendo frecuentemente a esta bella ciudad. Por eso he tenido la oportunidad de ver el transcurrir de la misma y experimentar muchos de sus vaivenes.

Pude conocer esa Cali cívica que miraba el país con envidia. Pude conocer a esas personas que, como Hernán Borrero, manejaron Emcali en tiempos en los que los señores de EPM venían a Cali a aprender cómo manejar las empresas de servicios públicos. Eran periodos en los que la ciudad tenía sinfónica, ballet, mucho teatro y la tertulia pasaba por sus mejores momentos.

Tuve que vivir también el auge del narcotráfico, las épocas de los secuestros masivos (la María, el kilómetro 18, la Asamblea), las pésimas administraciones municipales, el éxodo de las generaciones de relevo y una decadencia de todo tipo que no solo le quitó a la urbe el liderazgo que la caracterizó por muchos años, sino que el deterioro de la ciudad y el pesimismo de sus habitantes hacían que el país viera a la capital vallecaucama como un caso perdido, y despertaba lástima llegar a una metrópoli en decadencia, donde la mayor parte de la gente se sentía derrotada.

Por eso es tan grato ver el resurgimiento que se percibe en la actualidad. Llegar a un aeropuerto que va estar a la altura de la ciudad, unas vías en buen estado, un terminal del MIO, que va ser una obra para mostrar en cualquier parte, construcciones por todos lados, nuevos centros comerciales, zonas de restaurantes como Granada, llenas de comensales –con un desastre para el parqueo–, los hoteles con alta ocupación y sectores como el de la salud con un desarrollo impresionante.

En fin, se podrían enumerar muchas cosas, pero, tal vez, lo más importante es que hay otra actitud de los caleños, pues están más optimistas, están tomando mayor conciencia del privilegio que tienen en una ciudad con tantas fortalezas, que, paradójicamente, parecían olvidadas. Claro, hay problemas y muchas tareas por hacer, y vuelvo con el tema del Jarillón (Alcalde, dé prioridad a este asunto, ya que un fenómeno de ‘La Niña’ puede ser un desastre para la ciudad). Sin embargo, lo que se percibe es que la urbe está encontrando de nuevo su camino.

Todo esto tan bonito puede, no obstante, dar al traste, si quienes acabaron con la ciudad vuelven a ser protagonistas. Vengo oyendo que están de vuelta aquellos personajes que, como me decía alguien, “se arreglan con excesos y actúan con arrogancia”. Así empezó la tragedia en los años ochenta, cuando se miró con displicencia la aparición de lo que luego supimos no eran más que mafiosos. Cali no puede volver a caer en ese error y tiene que aprender de la dolorosa experiencia. Se habla de un resurgimiento del narcotráfico, y cualquiera que sea la causa y los actores, lo cierto es que esto permite la reaparición de esos indeseables. ¡Pilas, caleños! No se puede volver a cometer el error que casi acaba con la ciudad.

Ricardo Villaveces P.
Consultor
rvillavecesp@gmail.com

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado