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Carnavales, alegría que es patrimonio inmaterial
febrero 14 de 2012 - 6:41 pm
Este fin de semana comienzan estas fiestas en varias partes del mundo
Cinco son los carnavales cuya conservación ha recibido el espaldarazo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco): el de Barranquilla, el de Oruro (Bolivia), el de Binche (Bélgica), el de Makishi (Zambia) y el de Drametze (Buthan).
Sin embargo, a los tres primeros los une ser manifestaciones de un sincretismo religioso entre las costumbres locales y el cristianismo. Los otros dos reflejan costumbres arraigadas y mitos religiosos, el primero en divinidades locales y étnicas, y el segundo con epopeyas míticas de personajes pertenecientes al budismo.
Cada año, se acercan más de un millón y medio de personas, entre visitantes y locales, al Carnaval de Barranquilla.
Los trajes, danzas y cumbiambas, así como las máscaras e indumentarias, están llenos de significados que constituyen la simbología de cada pueblo y sus más arcaicas expresiones culturales, creencias y mitos procedentes de la mixtura entre la civilización aborigen y la africana, y que encuentran en Barranquilla durante estas fechas el único espacio en ese país donde tiene lugar tan amplia manifestación intercultural.
Los disfraces tradicionales de estos carnavales colombianos son la marimonda, el garabato, el congo, el torito y el monocuco, este último de origen europeo.
Y entre la multitud que baila y canta por la calle, aparecen disfraces que provocan la risa y los sustos a los viandantes; todo tipo de animales, negros africanos, cabezones, seres mitológicos y una gran variedad de personajes que convierten Barranquilla en una explosión de creatividad.
Las fiestas de carnaval, de origen europeo, fueron introducidas en América por los españoles y portugueses.
No se tienen datos fehacientes del primero celebrado en Barranquilla, aunque sí se tiene constancia de estas fiestas desde hace más de un siglo.
ORURO, UNA FIESTA MULTICOLOR EN EL CORAZÓN DE BOLIVIA
Oruro es considerada la capital folklórica de Bolivia y sus carnavales fueron declarados Patrimonio de la Humanidad en el 2001.
Estos representan una síntesis de ese proceso multicultural que ha vivido la localidad a lo largo de más de 2.000 años y tiene su origen en las ancestrales invocaciones andinas a la Pachamama (madre Tierra), al tío Supay (diablo) y a la Virgen de la Candelaria (Virgen del Socavón).
Unos 28.000 danzantes, alrededor de 10.000 músicos distribuidos en 150 bandas y una distancia de cuatro kilómetros se convierten en los elementos fundamentales del carnaval.
En estas fiestas, todos bailan y cantan en honor a la Virgen del Socavón, Patrona de los mineros y reina del folklore de Bolivia.
Pueblos preincaicos, prehispánicos, cazadores, ganaderos, pescadores, todos ellos están representados en esta fiesta multicolor.
BINCHE ES EL CARNAVAL MÁS REFINADO DE EUROPA
El único carnaval de Europa que ha logrado obtener el reconocimiento por parte de la Unesco de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad es el de Binche (Bélgica), uno de los más antiguos y refinados de este continente.
Los belgas, especialmente los francófonos, acuden masivamente durante estas fiestas a Binche, una pequeña ciudad medieval situada en el corazón de la región de Hainaut, al suroeste de Bruselas.
Miles de visitantes inundan las calles del centro histórico que se encuentra dentro de los restos de una imponente muralla medieval.
El ‘Guille’ es el personaje tradicional e imprescindible de estas fiestas.
Los ‘Guilles’ se encuentran por cientos durante el Mardi Gras (martes de carnaval), cuando realizan una infatigable danza callejera desde la madrugada hasta el final de la noche, tiempo durante el cual no pueden sentarse en público.
Ese día, los ‘Guilles’ estrenan sus famosos sombreros hechos con 300 plumas de avestruz y desfilan cubiertos con una máscara de cera que simboliza la igualdad entre las personas.
Calzados con zuecos de madera, están vestidos con una blusa y un pantalón decorados con decenas de estrellas, leones y coronas.
La blusa está forrada de paja, lo que les confiere un aspecto caricaturesco.
El origen de estos personajes procede de una celebración en donde María de Hungría (Dama de Binche), con la intención de impresionar a su hermano Carlos V y a su hijo, Felipe II, organizó siete días de banquetes, fuegos artificiales, desfiles y bailes.
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