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Con chatarra se sostienen inmigrantes en Grecia
Mayo 2 de 2012 - 7:45 pm
Vender materiales como hierro, cobre y aluminio deja, más o menos, 12 euros cada día de trabajo.
Zeeshan sujeta su carro de supermercado a un árbol con una cadena, como si fuera una bicicleta.
El vehículo se ha convertido en su instrumento de trabajo, y el de miles de otros inmigrantes, que recorren Atenas en busca de algún trozo de metal para vender por unos cuantos euros.
Esos extraños cargamentos empezaron a verse desde hace un año en la capital griega y proliferaron en todos los barrios, empujados con destreza por sus dueños quienes se abren paso entre vehículos y peatones.
Una tarea difícil cuando en el carro se lleva chatarra de todo tipo: latas de conservas, electrodomésticos rotos, colchones desvencijados, bidones de aceite, sartenes oxidadas, cables sueltos y radiadores desarmados.
A medida que la carga se acumula, los baches del pavimento y los bordes de las aceras ponen en peligro el equilibrio del conjunto.
Y después de una jornada de fatiga, con varios kilómetros en los pies, llega la hora de la verdad: el pesaje.
Los chatarreros de Tavros, un barrio del sur de Atenas, se acostumbraron a ver llegar, extenuados, a estos proveedores, oriundos en su mayoría de Bangladesh.
“Los gitanos griegos o albaneses que recuperaban con sus camiones objetos voluminosos trabajan menos, porque con la crisis la gente tira menos cosas.
Y no hurgan en las basuras como los que están en el ‘negocio’ de los carritos”, dice Anna Darsinu, cuya familia se dedica desde hace treinta años a la compraventa de chatarra en esta ciudad.
LA DURA REALIDAD
El ‘negocio’ no tiene nada entusiasmante. Revela, sobre todo, la miseria de miles de inmigrantes que ingresaron de manera ilegal a Grecia, frontera oriental del espacio schengen, pero que se encontraron atrapados sin poder seguir hacia el oeste.
“Acá no hay otro trabajo”, explica Zeeshan, un paquistaní que llegó a Grecia hace un año y medio tras una larga travesía que le costó 3.000 euros.
El joven de 26 años, que afirma haber estudiado diseño informático en su país, pasa ahora diez horas al día revolviendo los cubos de basura azules de Atenas, reservados a materiales reciclables, labor que le deja unos doce euros en cada jornada.
“Es realmente la única manera de ganar un poco de dinero, pero es muy duro”, coinciden Charles, de 22 años, y Mamadou, de 35, ambos marfileños, en Grecia desde hace un mes y seis meses, respectivamente.
Las cuentas no dan. Charles, que era florista en el palacio presidencial de Costa de Marfil, comparte un cuarto con cinco compatriotas, por el que pagan 250 euros al mes más gastos de agua y electricidad.
Lo que le queda le resulta insuficiente para enviar dinero a sus dos hijos, refugiados en Ghana.
En Tavros, el kilo de hierro se paga a 18 o 20 céntimos de euro, el de aluminio a 80 céntimos y el de cobre a 4 euros. “Cuando los policías ven que llevas un carro para ganarte la vida, te molestan menos”, señala Charles.
UN TEMA CON BASTANTE TINTE POLÍTICO
La cuestión de la inmigración ilegal es uno de los más candentes de las elecciones legislativas del próximo domingo, junto con las preocupaciones económicas y sociales en un país casi arruinado.
Conservadores y socialistas compiten en sus compromisos para controlar el fenómeno.
La alcaldía de Atenas considera que este tipo de recuperación ‘negocio’ “desorganiza el circuito tradicional de reciclado”, en una nación que ya tiene retraso en ese sector, lamenta uno de los funcionarios del municipio, Andreas Varelas.
“Se vuelve a utilizar metales sin ningún control de calidad”, agrega, aunque reconoce que esa actividad se convirtió en una cuestión de supervivencia para muchos inmigrantes. Quien descuide su carro puede perderlo en un santiamén: desde inicios de año, se han decomisado unos 2.000.
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