Para una mejor experiencia active el soporte javascript de su celular. Como hacerlo?

Últimas Noticias de Economía y Negocios de Colombia y el Mundo

Viernes 25 de mayo 2012

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Cuando una llamada termina en un ataque de nervios

febrero 13 de 2012 - 7:34 pm



Aunque el teléfono está diseñando para comunicarse, cada vez su uso se hace más difícil.

Cuando Alexander Graham Bell se inventó el teléfono en 1876 no se imaginó que 135 años después, este instrumento que nació para hacer que dos personas hablarán a distancia se convirtiera en el elemento más indispensable de la humanidad, pero al mismo tiempo en el aparato que nos mantiene al borde de un ataque de nervios.

Para comenzar, que lance la primera piedra el que disfruta llamando a los conmutadores, líneas gratuitas 18000, etc.

Esta es una verdadera prueba a la resistencia y a la paciencia que ni el mismísimo santo Job habría pasado.

En estos famosos aparatos –muchos todavía con sonido de carro de paletas, para la espera–, hoy se marca el número y jamás le responderá una persona real. Le contesta una persona virtual (la máquina), dándole tantas opciones y menús (marque 1 para tal cosa, marque 2 para tal otra) que al final se olvida a cuál aplicar.

Pero ojo, primero la voz humanoide le pide que se identifique para poder seguir y luego hay dos anuncios.

Como está de moda hoy, hay una ‘chuzada’ pero anunciada, pues la voz virtual le advierte que su llamada puede ser grabada y, además, que al final puede calificar el servicio, cosa que muy pocos hacen después de una llamada pocas veces exitosa.

Luego de varios intentos, de escuchar mensajes publicitarios, melodías de todo tipo y disculpas por no ser atendido, por fin se digita una alternativa y se pasa a otra prueba en un nuevo menú.

Y aquí, la paciencia tiene una segunda oportunidad: vienen otra serie de opciones. Por fin se selecciona una y la llamada entra, con tan mala suerte que la persona no contesta o es el buzón de voz el que le da la respuesta, permitiéndole dejar un mensaje o comunicándole que la casilla está repleta.

Todo está, ahora, calculado para no lograr comunicación con la operadora de carne y hueso, es decir con el que responde cuando la máquina dice “marque cero para hablar con un asesor”.

Cuando se consigue hablar con este, ya la tolerancia se perdió y solo le pedimos que nos conecte con la persona que buscamos.

Y aquí, de nuevo, la suerte juega un papel importante porque, o uno logra hablar con quien busca o la llamada se pierde, la extensión está ocupada o la operadora digitó mal la extensión, caso en el cual hay que volver a iniciar la titánica operación telefónica.

Para obviar todo este camino, lo preferible es tener el número de la extensión, que tampoco es solución porque por lo general está ocupada, no contestan y también se termina en el odioso buzón de voz.

Pero la cosa puede ser aún peor, si alguien llama a una empresa buscando información y no conoce la larga lista de extensiones.

El calvario puede ser eterno.

Amigos expertos de las telefónicas del mundo uníos.

Hagan algo urgente o nos vamos a enloquecer. Claro que algunos ya aseguran, como Bill Gates, que el pbx y el conmutador, gracias a Dios, tienen los días contados porque serán desplazados por los celulares.

Cosa que tampoco pinta muy bien hoy, porque si bien ya no tendremos a la operadora diciendo si quiere tal cosa marque 1, finalmente también terminaremos hablando con la máquina porque el aparto está apagado o el usuario no contesta.

¡CÓMO NO HACE QUEDAR DE MAL EL CELULAR!

Y hablar del celular es un tema inagotable. Comencemos por el mal parqueado, es decir el que no puede hablar y contesta, para decir: ahora no lo puedo atender. ¿Entonces para qué contestó?

A estos usuarios se suman los toreros de la comunicación, que son los expertos en hacerle el quite a las llamadas que embisten fuerte como la de un cobrador, el jefe o la esposa. Gracias al identificador, no contestan.

Y, si por descuido lo hacen y escuchan al interlocutor con quien no quieren hablar, apagan el aparato con la posterior excusa: se me acabó la batería.

Pero eso no es nada, el celular siempre suena donde no debe. En plena junta directiva, en un sepelio, y hasta en un minuto de silencio. Y preciso, el usuario no lo encuentra para apagarlo y si está en una cartera de mujer es peor.

Si suena en una junta, el usuario habla bajito, pone la mano en el aparato para disimular, se agacha al lado de la mesa o se para y habla al lado de la pared. Hace toda clase de movimientos, que lo único que logran es llamar más la atención.

En esas reuniones cuando se quiere hacer una llamada pasa lo mismo.

Usted cree que no lo están viendo y saca el celular discretamente, marca y se lleva el aparto a la boca, modulando despacio y bajito. Eso le molesta a todo el mundo. Si es urgente pida permiso, llame con naturalidad, diga algo breve y punto.

Amílkar Hernández

Especial para Portafolio

Enlaces patrocinados - PauteFacil.com

Si usted quiere comentar este artículo por favor

Todos los comentarios en Portafolio.co son hechos por personas registradas y plenamente identificadas.

Publicidad

Publicidad

Publicidad