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Lectores de tabaquería, una tradición de 150 años
Julio 13 de 2011 - 7:36 pm
Noticias, novelas, poemas y hasta recetas escuchan los obreros para no aburrirse.
Sentada en una tribuna de madera frente a un micrófono, Grisel lee cada día el periódico, un poema o un pasaje de novela para 600 obreros que, entre tanto, cortan, escogen, despalillan y tuercen con destreza las hojas del exquisito tabaco cubano.
Ella es uno de los casi 300 ‘lectores de tabaquerías’ que entretienen a los torcedores en las fábricas de Cuba, una tradición vigente desde hace 150 años, propuesta a la Unesco como patrimonio oral e intangible de la humanidad.
Surgida en 1865 en una fábrica de La Habana para distraer a los trabajadores en su monótona y larga jornada, la singular actividad, que durante un siglo fue pagada por los mismos operarios, se extendió rápidamente y llegó incluso a promover luchas sociales, según la historia recogida en el Museo del Tabaco.
“La lectora es muy importante para nosotros, nos amplía nuestro acervo cultural. Su lectura nos marca hasta el ritmo de producción: según el turno que va leyendo uno mide si lleva 60, 70 puros”, explica Julia Curbera, mientras acomoda las hojas con la habilidad de casi 30 años, de sus 47, como torcedora.
Frente a las mesas enfiladas de los obreros, Grisel, una ex maestra de 55 años, se acomoda las gafas y empieza a leer la portada del diario comunista Granma, que en esta jornada trae informes del presidente venezolano Hugo Chávez y los llamados a trabajar del Gobierno de Raúl Castro.
“Muchos de nosotros no llegamos ni a noveno grado (colegio) y esto nos ayuda a superarnos y mantenernos actualizados, porque pasamos aquí 10 horas, sin saber lo que ocurre afuera”, destaca Irse Martínez, un cuarentón que hace puros desde hace 16 años.
“Aquí sentados elevamos nuestro nivel de educación.
Me gusta mi trabajo, pero es el día entero haciendo lo mismo y la lectura lo hace más ameno, me distrae y relaja”, dice Hugo, de 41 años, 18 de ellos en el sector.
Desde sus mesas, los torcedores escuchan clásicos de la literatura universal, artículos políticos, sociales o legales, e incluso recetas de cocina o consejos sexuales.
Algunas obras las proponen ellos y las escogen también por votación. Poemas de Pablo Neruda, novelas como Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos, son muy apreciados, pero sin duda la más aclamada y leída es El Conde de Montecristo, de Alejandro Dumas, que dio el nombre a la reconocida marca de habano.
SELECCIONADA HACE 20 AÑOS POR VOTACIÓN
La voz agradable, diáfana y segura de Grisel resuena por los altoparlantes en cada piso del antiquísimo edificio de la fábrica H. Upmann, en Centro Habana, donde se elabora la prestigiosa marca Montecristo.
“Gano 315 pesos (unos 14 dólares al mes), pero me siento muy recompensada, porque sé que soy útil”, asegura. Como todos los lectores de tabaquería, fue seleccionada para leer en H. Upmann por los trabajadores en una votación, tras ser probada entre varios candidatos hace ya unos 20 años. Lee tres sesiones de media hora al día.
Entre una y otra, prepara la lectura, conversa con los obreros y se fuma el purito que Hugo Zulueta le hace especialmente, mientras por los parlantes suena música o la radionovela.
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