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Viernes 25 de mayo 2012

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Los animales ahora son aliados de la medicina

febrero 2 de 2012 - 8:56 am


No sólo las plantas pueden ser curativas, hay insectos que también pueden ayudar para la salud del hombre.

Moscas, mosquitos y caracoles pueden ayudar a curar heridas o a combatir enfermedades.

Los médicos, enfermeros y técnicos de laboratorio cuentan con el desconocido apoyo de una legión de ‘auxiliares’ y ‘colaboradores’ en su ardua tarea de curar las enfermedades y reparar las lesiones: animales e insectos aportan sustancias y herramientas terapéuticas.

Cada vez más expertos están solicitando a las autoridades sanitarias que se extienda el uso de larvas de mosca para curar las infecciones, gangrenas y úlceras, porque estas criaturas son capaces de limpiar una herida 18 veces más rápido que los tratamientos farmacológicos comunes.

En algunos casos, la ‘terapia larval’, que se usa en el Reino Unido, Israel, Suiza y Alemania, puede ser una alternativa más eficaz y económica que los antibióticos, y se aplica en heridas infectadas sin problemas, según el doctor José Contreras Ruiz, del Hospital General Dr. Manuel Gea González (México) y pionero en América Latina de esta técnica.

Según el dermatólogo mexicano, las larvas de la mosca Lucilia Sericata o mosca verde se ponen en una red de nylon en la herida durante dos o tres días e ingieren la carne infectada, matando las bacterias y estimulando el crecimiento del tejido sano.

Entre las desventajas de la larvaterapia figuran que se dispone de poco tiempo para aplicarla, porque las larvas se convierten en moscas en tres días, así como el rechazo psicológico que este método puede ocasionar en pacientes y profesionales de la salud.

No obstante, según el doctor Contreras Ruiz, las ventajas compensan con creces estos inconvenientes, ya que “la selectividad y rapidez con que trabajan las larvas, comiendo todo lo que está muerto y dejando intacto el tejido vivo, permiten una limpieza profunda de la herida”.

INSECTOS ANTI-MALARIA

Por otra parte, científicos de la Universidad Johns Hopkins, en EE. UU., han desarrollado una variedad de mosquitos con sus genes modificados artificialmente, lo cual ha hecho que esos insectos sean resistentes a uno de los tipos de parásitos causantes de la malaria, una enfermedad que acaba con la vida de millones de personas.

Según Marcelo Jacobs-Lorena, uno de los científicos participantes en el estudio, los mosquitos modificados genéticamente se alimentaron de sangre de ratón infectada con el parásito P. berghei, uno de los que causa la enfermedad, pero su organismo fue capaz de combatir la dolencia, además de ser más fértiles y sobrevivir mucho más tiempo que los mosquitos normales.

Ello les supone a los insectos transgénicos una ventaja sobre los no modificados, según los autores del estudio, que adelantan que “el próximo paso es crear un mosquito anófeles resistente al parásito de la malaria que afecta a los seres humanos” y ver el modo de introducirlos en el medio ambiente natural.

El principal parásito que ocasiona la malaria en las personas es el Plasmodium falciparum, del que es portador la hembra del mosquito anófeles y que es responsable del 80 por ciento de las infecciones y del 90 por ciento de las muertes por esta dolencia.

baba de caracol

Por otra parte, algunos dermatólogos avalan la eficacia de los productos elaborados con la secreción antioxidante del caracol.

La baba de este molusco resulta útil para regenerar la piel envejecida o dañada por las radiaciones solares, agresiones ambientales, quemaduras o marcas de acné, siempre que su composición y procesamiento reúna ciertos requisitos.

“Sus compuestos estimulan la formación de colágeno, elastina y componentes dérmicos que reparan los signos del fotoenvejecimiento y minimizan el daño generado por los radicales libres que envejecen la piel prematuramente”, señala la dermatóloga María José Tribó-Boixareu, del Hospital del Mar de Barcelona.

No obstante, para que tengan estas propiedades, los productos deben provenir de la baba que el caracol cryptomphalus aspersa segrega ante estímulos como radiaciones o estrés mecánico, y no de la que desprende al andar.

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