Enero 19 de 2012 - 10:06 pm
Insertarse en la región Asia-Pacífico, de manera individual y/o colectiva, requiere de una estrategia y de una política de Estado que no resultan claras en América Latina. Cada país se mira a sí mismo y carece de una visión interdependiente y de conjunto.
Asia-Pacífico es el eje económico del siglo XXI que pese a su heterogeneidad, aporta cerca del 60 por ciento del Producto Interno Bruto mundial (PIB), 48 por ciento del comercio y la tercera parte de la población del planeta. Países como China, India, Japón, Corea e Indonesia tienen un gran significado no sólo por sus tasas de crecimiento económico, sino por su incidencia en temas como el medio ambiente, la migración, ciencia y tecnología, y la seguridad.
América Latina posee grandes recursos mineros, energéticos y alimenticios que demanda Asia-Pacífico para su crecimiento.
Esta región tiende a desplazar a Estados Unidos, potencia que ha disminuido su interés por Latinoamérica, lo cual, en parte, explica el acercamiento entre ambas regiones. En la última reunión de la APEC (noviembre del 2011), el presidente Barack Obama instó a un Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP), que constituiría una zona de libre comercio entre las 21 economías más grandes del mundo que integran este foro económico.
De América Latina tan sólo Chile, México y Perú hacen parte de este club de notables que es la APEC.
Desde 1995, Colombia ha buscado fallidamente su membresía, aunque actualmente participa en los grupos de trabajo de inversión y energía.
América Latina se inserta en esta región con diferentes velocidades. Hay países como Chile, Perú y México que lo hicieron temprana y sostenidamente debido a la presencia de inmigrantes asiáticos en su territorio, pero también, al diseño de una estrategia y a la voluntad política de desarrollar las regiones con vertiente hacia el litoral del Pacífico.
Estos países han privilegiado una diplomacia económica, un regionalismo abierto y la suscripción de tratados de libre comercio.
Su inserción en Asia estuvo acompañada del desarrollo, de la infraestructura, de los empresarios y del sector académico, así como de un fuerte andamiaje institucional –embajadas y oficinas comerciales–.
Desde hace años, Chile pretende como fuente de crecimiento incrementar su comercio exterior, y México equilibrar su relación con Estados Unidos.
Perú busca ser puente entre América Latina y Asia-Pacífico. Su interés por esta región viene de 10 años atrás y su comercio hacia el Pacífico ha venido creciendo a tasas que superan el 25 por ciento siendo el principal receptor de inversión china.
Por otra parte, Brasil sigue de cerca los países que hacen parte del Acuerdo de Integración Profunda, incrementa sus conexiones interoceánicas así como sus vínculos con Perú, buscando una proyección hacia el Pacífico.
China es el principal socio comercial del país carioca exportándole principalmente hierro y soya.
Hay otra naciones de inserción tardía que poco se han preocupado por el Pacífico. Allí está Colombia, un país con acciones claramente aisladas e intermitentes y carente de políticas de Estado hacia esa región.
América Latina ha buscado asociarse, inicialmente en el Arco del Pacífico Latinoamericano y posteriormente en el Acuerdo de Integración Profunda (abril del 2011) entre Chile, Perú, México y Colombia.
Este último abarca un mercado interno de 204 millones de personas, con un 34 por ciento del PIB latinoamericano, unas exportaciones de 438.000 millones de dólares, unas importaciones de 418.000 millones de dólares, y son a su vez, receptores de una inversión extranjera directa por un valor de 55.000 millones de dólares.
Además poseen abundante mano de obra joven y capacitada. Este acuerdo lleva implícito el compromiso de fortalecer vínculos y concertar acciones entre los cuatro integrantes, pero hasta el momento se carece de una estrategia conjunta.
Colombia debería aprender de Chile, México y Perú, aunque yendo más allá: superar el enfoque netamente economicista, incluir la participación de otros actores y ampliar la agenda a temas como medio ambiente con Indonesia, e infraestructura y seguridad con China. Asimismo, articular y coordinar actividades de nuestras embajadas en esos tres países.
Mirar el Asia-Pacífico no puede ser coyuntural, sino que debe vincularse con una política de Estado que enfatice temas internos asociados con el desarrollo, y sobre todo que propicie un trabajo de la mano de los empresarios, académicos y medios de comunicación. También requiere unas actividades concertadas con los países del Pacífico latinoamericano. Esperamos que para el mes de junio, cuando se reunirán los miembros de la Alianza del Pacífico se esté transitando de la retórica a la práctica. El 2012 será definitivo en este sentido.
Martha Ardila
Redintercol
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