Abril 18 de 2011 - 7:44 pm
La sed es un signo de deshidratación por lo que hay que anticiparse a ella. Tomar agua ayuda a todo el cuerpo. En los días santos, de caminatas y largas jornadas de fe y religiosidad, hay que pensar también en alimentarse bien, en ir cómodamente vestido y en hidratarse. La alimentación, como dice Alicia Cleves, nutricionista dietista, del Centro Integral de Nutrición y Medicina (Cinumed), es “sinónimo de salud y vida. Si comemos lo que nuestro organismo requiere, nos vamos a mantener vitales, con buena energía y con un metabolismo regulado”.
Tomar suficientes líquidos es muy importante, no sólo porque el organismo necesita mucha agua, sino porque con las caminatas y el ejercicio es indispensable reponer lo que se pierde al sudar. “Mantener los niveles óptimos de hidratación es básico. La recomendación es tomar líquido antes, durante y después de cualquier actividad física y evitar sentir sed”, dice Juan Manuel Sarmiento, médico del deporte.
Así, antes de salir a participar de las celebraciones solemnes, aliste un jugo, lleve una botella de agua o unas frutas, que también tienen alto contenido de agua, aunque no reemplazan los líquidos perdidos cuando las jornadas son extensas.
Vale recordar que, como explica Felipe Daza, médico del deporte y gerente médico de Bodytech, el agua contribuye a la refrigeración, la regulación de electrolitos en la sangre, la lubricación de las articulaciones y es el vehículo para llevar nutrientes a cada célula y para eliminar sustancias desecho. Los consejos nutricionales promueven que las personas deben tomar seis vasos de agua al día, que sería un litro y medio de agua. “Esto es para ayudar al mantenimiento de la depuración del organismo, pues el agua es un solvente importante que ayuda también a la eliminación de muchas toxinas, de modo que tomarla todos los días ayuda a mantener la salud orgánica y el bienestar, así como el peso corporal”, dice Carlos Alejandro López, especialista en medicina del deporte y director de Zoe, Centro de Investigación para la salud y el rendimiento humano.
Las personas que toman agua tienen una buena sensación y percepción de su calidad de vida y cuentan con un mejor rendimiento atlético y mental. “La cantidad de agua en el organismo se regula mediante un equilibrio entre el líquido que ingerimos y el que excretamos por la orina, sudor, heces y valor de agua al respirar.
Este equilibrio mantiene unos rangos muy estrechos y varía de acuerdo a cada persona”, explica Daza. Cuando se pierde la regulación por algún motivo, se disparan mecanismos rápidamente para volver a este equilibrio. La sed es un indicador tardío de la deshidratación.
PREVENCIÓN
Hay grados de deshidratación con sus repectivos efectos Por diferentes circunstancias, algunas negativas, como el vómito y la diarrea, se puede perder más agua de lo normal y entonces, se disparan rápidamente los mecanismos para volver a este equilibrio. “El ejercicio y la actividad física es otra de las maneras naturales en que se pierde este equilibrio, ya que el sudor se transforma en la vía más rápida para perder agua y electrolitos.
La cantidad de líquido que se pierde dependerá del grado de intensidad del ejercicio, el tiempo de duración, la temperatura, humedad y características del medio ambiente”, señala Daza. La sed es un indicador tardío de la deshidratación y hay que anticiparse a ella. La deshidratación se mide por la pérdida de peso corporal y según el porcentaje de peso perdido se presentarán diferentes síntomas: Con pérdidas de peso entre el 1 al 5 por ciento puede haber mareos, calambres musculares, cansancio, aumento de frecuencia cardiaca y de la temperatura corporal; entre el 6 al 10 por ciento hay hormigueos en brazos y piernas, cefalea, dificultad para respirar y puede producir daños en el sistema nerviosos central, hígado y riñones, y las pérdidas superiores al 10 por ciento se conocen como golpe de calor que llega a la pérdida del conocimiento, y si no se reponen líquidos de manera rápida puede llevar a la muerte”.
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