Los cubanos y el 2015: un año de oportunidades

Mientras los presidentes Barack Obama y Raúl Castro se estrechaban las manos en la Cumbre de las Américas, los residentes de la isla se preguntaban, y aún lo hacen, cuándo estos actos simbólicos se convertirán en cambios concretos de su estilo de vida.

Cuba tiene la tasa de envejecimiento más alta de América Latina. La migración de profesionales por falta de oportunidades genera

EFE

Cuba tiene la tasa de envejecimiento más alta de América Latina. La migración de profesionales por falta de oportunidades genera

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mayo 26 de 2015 - 05:15 p.m.
2015-05-26

Dice mi hermana de Miami que esto no va a durar, que Obama lo hizo porque termina su mandato pero el próximo presidente lo va a virar”, me comentó mi vecina Clarita el día en que Barack y Raúl estrecharon manos y conversaron en Panamá. Esto es el proceso de normalización que ambos gobiernos iniciaron el 17 de diciembre, un día de San Lázaro que devino en marca histórica y ahora es llamado 17D, y que hizo que para muchos cubanos la vieja frase “vienen los americanos” asumiera un tono de fiesta por primera vez en décadas. Pronto se cumplen cinco años de la reforma que desde 2011 continuó el proceso de cambios iniciado en 2008 por Raúl Castro, quien acuñó la frase “sin pausas pero sin prisas”.

Después de ese año, los cubanos vimos caer prohibiciones que nos reservaban la condición de ‘rara avis’ mundial. Pudimos contratar líneas móviles, hospedarnos en hoteles antes exclusivos para turistas extranjeros, emplearnos en decenas de oficios por cuenta propia y abrir más negocios privados, tomar tierras ociosas en usufructo, comprar libremente casas y autos, pedir créditos para emprendimientos personales…

Desde el 2013 no necesitamos permiso de salida (costaba varios salarios mensuales) para viajar fuera del país, y se alargó de 11 a 24 meses el tiempo de estancia legal en el extranjero. Casi medio millón de personas trabaja en el sector no estatal. Hay 1.600 restaurantes y 8.000 alojamientos privados. Los cubanos viajan más, se sienten más conectados con el mundo, y una creciente capa percibe más ingresos.

En el 2014 fue inaugurado el megapuerto de Mariel y aprobada una Ley de Inversión Extranjera. Y justo cuando comenzábamos a extrañar nuevos anuncios, llegó el 17D.

El 2015 arrancó con las medidas de Obama para modificar las restricciones impuestas a Cuba, en áreas como los viajes. Congresistas y gobernadores viajando a La Habana. Más vuelos entre ambas naciones. Mayor interés de compañías turísticas, agrícolas, tecnológicas y financieras. Perspectivas de una relación civilizada en lo político y más activa en lo económico.

Pero las promesas que trae el deshielo (más negocios, turismo y remesas, e impulso a la iniciativa privada) no hacen que Clarita olvide lo cotidiano: “Cuando no es el papel sanitario, son los huevos o el aceite. Siempre hay algo perdido. Y no alcanza el dinero... Y el transporte ni te cuento”.

Entre los retos de la Cuba que se renueva están que no falten los productos, que aumente el valor del salario real y que florezca el mercado interno. Resolver la paradoja de ser líder en educación y tener la más pobre penetración de Internet. Desatar los nudos que frenan sus fuerzas productivas y descentralizar desde las importaciones hasta las decisiones. Ofrecer más incentivos, para que el único horizonte de los profesionalescalificados no sea irse y una parte apueste por quedarse. “Que uno pueda hacer lo que quiera mientras no sea delito”, dice Clarita. Sabe que es bueno el diálogo con Estados Unidos -“más tranquilidad y prosperidad, menos política”- y por eso le preocupa lo que dice su hermana de Miami: “El próximo presidente lo va a virar”.

En las encuestas, la mayoría de estadounidenses y cubanoamericanos favorece el proceso. Un sondeo de Bendixen & Amandi para Univisión, en conjunto con The Washington Post, reveló que en Cuba el apoyo al acercamiento es del 97 % y Obama tiene una popularidad del 80 %. Aunque el proceso se ha basado en decisiones ejecutivas y, por tanto, otro presidente sí podría dar marcha atrás, las sinergias creadas, el apoyo del público, empresas y políticos en EE. UU. y el entorno regional hacen improbable una reversión.

Es un momento único para Cuba y el reto es sintonizar las exigencias de la rentabilidad, así como un sistema social igualitarista que debe ser más racional. En espera de un escenario postembargo, hoy la opción es aprovechar las oportunidades del nuevo entorno y engranarlas en la reforma que -coinciden los economistas y Clarita- parece ir muy lenta para un camino tan largo.