Empresarios, claves para hacer este proceso realidad

Según el negociador del Gobierno en La Habana, Gonzalo Restrepo, el papel de los dirigentes empresariales resulta fundamental para alcanzar la paz.

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junio 20 de 2016 - 03:15 p.m.
2016-06-20

Aunque actúo solo como un ciudadano más que sueña con un país unido, que respeta con igualdad todas las ideas y profesiones, quiero creer, y me atrevo a afirmar, que en este momento del proceso cada vez hay más y más empresarios comprometidos con la paz de Colombia. Ese apoyo no es gratuito ni infundado y parte de dos premisas claras: que la paz significa un compromiso con el sistema de libre empresa y que solo en paz podemos desarrollar el potencial económico y social que tiene el país, así como transitar por la senda del desarrollo y la equidad.

Hoy, los empresarios creen que el sistema de libre mercado, pero ‘socialmente responsable’, es el mejor para el país; que hacer empresa es un rol, más que del Estado, de los particulares, y basan su apoyo al proceso de paz en que, en el fondo, los principios que asisten ese sistema (la propiedad privada, la libre empresa, el libre mercado, por supuesto con regulaciones y una economía independiente que no se fundamente en subsidios permanentes) no se van a cambiar por otros que ya se han probado y conducen al fracaso.

Los empresarios de hoy son cada vez más conscientes de que al país lo tenemos que construir y cuidar entre todos; que es necesario lograr más equidad, no solo a través del empleo, sino de la inversión social, y que una nación más equitativa será mejor para los ciudadanos y para la empresa misma.
Caminar esa senda de progreso –estoy convencido– solo será posible con la paz. Y a su vez, esa paz solo será posible de concretarse con el concurso de muchos y diversos actores, incluyendo, en primera línea, a los empresarios, que, al fin, son vitales para hacer realidad lo que está escrito en el papel.

Si hay algo muy útil que pueden aportar los empresarios al proceso y, sobre todo, a la implementación de los acuerdos, es la experiencia práctica, racional y concreta de quienes, a partir de una estrategia, construyen realidades ajustadas a los siempre limitados recursos disponibles.

Esa lógica del pragmatismo, la implementación y la realidad, tal vez menos sofisticada en la parte teórica, resulta esencial para poder materializar lo acordado en la mesa. Es realismo con corazón.

Como un simple ciudadano, creo y estoy convencido de que los empresarios, independientemente del gremio al que representen y en su inmensa diversidad, deben pronunciarse claramente sobre la paz, estudiar lo que se ha negociado y aportar sobre lo que se está negociando. Son vitales sus visiones sobre el cómo, esenciales sus preguntas sobre el con qué, el dónde y el cuándo.

También considero que es fundamental que las dos partes en la mesa entiendan y valoren, con todo el detenimiento y la importancia, el rol crucial que juegan los empresarios en la sociedad: ellos crean riqueza, generan empleo, contribuyen al fisco, y muchos dirigen y ayudan a importantes fundaciones sociales. Los empresarios deben hablar claramente sobre ese aporte con el orgullo de todo lo bueno que representan; los políticos, entender esta relevancia, y el Gobierno, como ha sido tradición en nuestro país, tratar a la empresa privada seria y responsable con justicia, controlándola, pero jamás ahogándola o ignorándola. No es tarea fácil para los gobiernos distribuir la riqueza, pero es aún más difícil si no existe. Para ello hay que crearla. Es algo que todos los países han aprendido a respetar, no importa su sistema.

Mi generación, y las que la suceden, nunca han podido trabajar y crear desde la tranquilidad. Colombia tiene un potencial enorme para el crecimiento y el desarrollo pero no vamos a lograr aprovecharlo si obramos desde una sociedad parcializada. Con miedo o exclusión nunca habrá inversión plena y, principalmente en la agroindustria y el campo. Necesitamos invertir en ese 70 por ciento de la Colombia rural, rica en recursos y despensa agrícola, pero que ha estado ajena al desarrollo: esa inversión solo se dará con paz, vías, conexiones y un cruce necesario de conocimientos entre las comunidades y el empresariado.

Me gusta una frase de Albert Camus que me regaló un maestro amigo y que puede ayudarnos a resumir lo que he tratado de expresar:

“No aspires a lo imposible, pero sí agota el mundo de lo posible”.

Nadie puede hacer más. Es un principio que rige a los verdaderos empresarios. El mundo no es perfecto o gratuito, pero ellos, grandes o pequeños, y desde su rol, nos pueden ayudar a hacer de este proceso una realidad. Colombia los necesita.