La perla del Mediterráneo

Con un clima envidiable, y una larga costa sobre el Adriático salpicada por cientos de islas y ciudades amuralladas, Croacia es el destino perfecto para redescubrir.

Croacia, uno de los tesoros turísticos de Europa.

Juan Camilo Niño V.

Croacia, uno de los tesoros turísticos de Europa.

Revista
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septiembre 23 de 2014 - 05:08 p.m.
2014-09-23

de bajo costo conectan a diarios sus principales ciudades con todas las grandes urbes europeas. Adicionalmente, una enorme flota de cruceros une a sus puertos con las naciones vecinas. El único requisito para ingresar es una visa Schengen de múltiples entradas, también necesaria para hacer las escalas en el continente.

El idioma principal es el croata, una lengua eslava, pero la mayoría de personas se desenvuelven bien en inglés. Aunque hasta hace unos siglos se uso un alfabeto propio, el glagolítico, hoy se utiliza el latino, lo que sin duda representa una ventaja para los extranjeros.

Por lo demás, los croatas son extremadamente amables y siempre están dispuestos a ayudar. Muchos de ellos, sobre todo en las pequeñas ciudades, han acondicionado sus casas para recibir turistas por un módico precio.

LA COSTA DE DALMACIA

Croacia es un destino ideal tanto para los que viajan con calma como para aquellos que sólo disponen de unos cuantos días. Las personas sin restricciones de tiempo pueden recorrer detenidamente la costa y desviarse unos días al interior hasta la capital Zagreb para contemplar su arquitectura clásica y experimentar su vibrante vida nocturna. Incluso pueden desplazarse a las montañas, visitar el Parque de los Lagos Plitvice y bañarse en medio del centenar de cascadas que le han valido el título de patrimonio de la humanidad.

Si el tiempo es corto, entonces es necesario planear un circuito limitado a los parajes más bellos y populares. Desde todo punto de vista, los que hacen famosa a la costa de Dalmacia en el sur del país son perfectos: tranquilas playas, ruinas romanas, poblaciones renacentistas y gastronomía mediterránea. Puesto que lo mejor se suele dejar para lo último, lo indicado es partir del centro en Split y concluir en el sur en Dubrovnik. Ambas ciudades cuentan con aeropuertos internacionales y están bien conectadas por mar y tierra con el resto de Europa.

La segunda ciudad más importante del país, Split, combina la ajetreada vida de una moderna urbe con los encantos de un puerto de orígenes romanos. El centro de la ciudad es un verdadero museo al aire libre y su principal atracción es el bien conservado Palacio de Diocleciano, de más mil setecientos años de antigüedad. Después de contagiarse del ambiente imperial, vale la pena pasearse por muelles y mercados en búsqueda de una copa de maraschino, un popular licor hecho a base de cerezas.

Con Split en el bolsillo, el viaje continúa en dirección sur. La opción más escénica es tomar un ferri, bordear la costa y detenerse en una o dos islas a lo largo de la ruta. Además de soleadas playas y verdes laderas de lavandas y romeros, la isla Hvra está engalanada por una ciudad medieval con pintorescos edificios e iglesias de piedra. Igual de bien podría hablarse de la isla Curzola, presunto lugar de nacimiento del legendario Marco Polo, pero hay que advertir que allí los precios se elevan notablemente.

Por fin, a unos cuantos kilómetros del Curzola, se levanta en el continente la ciudad de Dubrovnik, “la perla del Adriático”. Tal calificativo no es gratuito: nadie que arribe en un barco a su puerto puede olvidar como se yerguen, entre un agua turquesa, sus majestuosas murallas, torreones y puertas de arcos góticos. Por unos instantes el viajero se transporta a otra época, sensación que se repite al recorrer su gran avenida de mármol Praca, el imponente palacio Sponza o la fuente de Onofrio. Nada mejor que extraviarse unos días en sus laberínticas calles antes de decirle adiós a Croacia.

 

Juan Camilo Niño v.
Especial Revista Portafolio
Edición No. 13