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Salida desconocida

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julio 08 de 2016
2016-07-08 11:57 a.m.
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La semana antepasada se llevó a cabo el referendo que aprobó la salida del Reino Unido de la Unión Europea (el ‘Brexit’).

Una vez se conoció el resultado, la libra esterlina y el euro sufrieron sus mayores devaluaciones diarias en 30 y 15 años, respectivamente, mientras que el dólar registró su mayor apreciación diaria desde finales de 2008.

Por otro lado, los precios de las materias primas y los mercados bursátiles registraron pérdidas a nivel mundial, y las primas de riesgo se dispararon. Al mismo tiempo, los activos considerados “refugio” registraron valorizaciones importantes: las tasas de los Bonos del Tesoro de EE. UU. y de los bonos alemanes descendieron a sus mínimos niveles históricos y el oro registró su mayor valorización diaria desde comienzos de 2009.

El ‘Brexit’ es más que todo un severo choque de confianza y de incertidumbre que afectará principalmente la inversión del sector empresarial en el Reino Unido, el cual deberá considerar cambios en el ambiente legal y regulatorio en los próximos años, y esto reducirá el crecimiento económico en el corto plazo.

En efecto, las estimaciones de los principales organismos económicos internacionales apuntan a que el ‘Brexit’ podría restar casi 2,75 puntos porcentuales del PIB del Reino Unido entre los próximos 18 y 24 meses, lo que implicaría una moderada recesión en 2017.

Ante este escenario de elevada incertidumbre y de sus notables efectos sobre la actividad económica, S&P y Fitch rebajaron la calificación crediticia del Reino Unido, y Moody’s revisó su perspectiva de estable a negativa.

Igualmente, el Reino Unido seguramente sufrirá un deterioro de sus términos de intercambio y de su comercio de bienes y servicios con la Unión Europea (UE), especialmente si se dificulta la exportación de servicios de alto valor agregado a esa zona económica, incluyendo los servicios financieros, altamente relevantes para la economía de ese país.

Este choque es el más relevante en un análisis de largo plazo, pero su magnitud también es altamente incierta, pues depende del tiempo que tome la salida de la UE (el Tratado de Lisboa estipula un plazo de hasta 2 años) y de las negociaciones que se lleven a cabo para tener acceso preferencial a los mercados de la UE.

A nivel externo, este choque de confianza está resultando en algún endurecimiento de las condiciones financieras globales (desvalorización de activos riesgosos y aumento de las primas de riesgo) y reducirá la demanda proveniente del Reino Unido, que representa el 17,6% del PIB de la UE y el 3,9% del PIB mundial.

Según los principales organismos económicos internacionales, estos factores impactarían la tasa de crecimiento del PIB de la zona euro en 0,5 puntos porcentuales en los próximos 2 años, mientras que tanto la de EE. UU. como la mundial se reducirían en 0,2 puntos en ese mismo periodo.

Adicionalmente, el riesgo político ha aumentado considerablemente. A nivel del Reino Unido, el Primer Ministro dimitió y el proceso de salida de la UE quedará en manos de un nuevo gobierno, posiblemente a partir de septiembre.

La supervivencia del Reino Unido queda en entredicho, pues Escocia seguramente llevará a cabo un nuevo referendo para independizarse, dado que la mayoría de su población votó a favor de permanecer en la UE, y algo similar podría ocurrir en Irlanda del Norte.

A nivel de Europa continental, ya hay partidos nacionalistas (especialmente en Francia, Holanda, República Checa e Italia) abogando por realizar su propio referendo para salir de la UE. Estos movimientos también podrían conducir a nuevos cuestionamientos sobre el futuro de la zona euro, lo cual sería devastador para el sistema financiero global y requeriría de mayor intervención por parte del Banco Central Europeo (BCE).

Recordemos que durante la crisis de la deuda de la zona euro de hace unos años, las dudas sobre la supervivencia de la moneda común fueron las que generaron mayores tensiones en los mercados financieros mundiales.

No obstante, una crisis bancaria y de liquidez, como la que se desató con la quiebra de Lehman Brothers en 2008, es poco probable en estos momentos, pues los bancos comerciales en el mundo desarrollado están mucho mejor capitalizados, el Reino Unido es una economía mediana, y los principales bancos centrales mantienen una postura monetaria altamente laxa y están prestos a actuar.

En consecuencia, ahora esperamos que el Banco de Inglaterra relajé su política monetaria en los próximos dos meses, recortando su tasa de referencia, y no descartamos que reanude su programa de inyección de liquidez a través de la compra de activos.

Igualmente, el ‘Brexit’ refuerza nuestra expectativa de que el BCE extenderá su programa de compra masiva de activos en la zona euro más allá de marzo de 2017, y que el Banco de Japón recorte su tasa de referencia a mediados de año y extienda su programa de compra masiva de activos más allá del primer trimestre del próximo año.

Finalmente, en EE. UU. ahora esperamos que la Reserva Federal (el banco central estadounidense) incremente su tasa objetivo en la reunión de diciembre y no en la de septiembre, aunque no descartamos del todo esta última posibilidad, pero dependerá principalmente de los próximos 3 reportes mensuales de empleo y de la evolución de las condiciones financieras globales en los próximos meses. En efecto, la probabilidad de que la Fed incremente su tasa objetivo en las próximas reuniones se ha desplomado considerablemente después del ‘Brexit’.

En resumen, la liquidez financiera global será más holgada por más tiempo, lo cual favorecerá episodios de valorización agresiva de activos riesgosos, como los colombianos, en momentos en que se reduzca la volatilidad de los mercados. La expectativa de mayor inyección de liquidez proveniente del mundo desarrollado es una de las razones por las cuales los mercados financieros se han recuperado relativamente rápido después del ‘Brexit’, y no porque sea un evento de poca relevancia.

Andrés Pardo Amézquita,
Director Ejecutivo de Investigaciones Económicas de Corficolombiana.

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