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Jueves 18 de Diciembre 2014

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Suiza: un paraíso donde los millonarios viven tranquilos

Marzo 14 de 2011 - 6:09 pm



El atractivo régimen fiscal que varios cantones suizos ofrecen atrae fortunas. Las inversiones tamb

 

En Suiza residen titulares de fortunas descomunales, como el sueco Ingvar Kamprad, dueño del imperio Ikea, quien vive desde hace muchos años en el cantón de Vaud y con unos activos valorados en unos 35.000 millones de dólares. Es considerado el hombre más rico de Suiza.

Ingvar ha preferido los paisajes alpinos a la reconocida tranquilidad y comodidad con la que también se puede vivir en Suecia, su país natal.

Entre las más ricas también figuran las familias Hoffmann y Oeri, que controlan el coloso farmacéutico Roche y que -pese a haber sufrido una rebaja de casi 1.500 millones de euros en la estimación de su fortuna- cuentan con cerca de 10.000 millones de euros (13.900 millones de dólares).

Con excepciones, la mayoría de fortunas permanecen estables o han ido en aumento, como es el caso de la familia Brenninkmeijer, con actividades en el sector energético, inmobiliario y textil, y con un capital aproximado de 9.000 millones de euros (12.580 millones de dólares).

Charlene de Carvalho-Heineken es considerada la mujer más rica del país, con una fortuna personal de 3.700 millones de euros (5.170 millones de dólares), procedentes del imperio cervecero creado en Holanda y con presencia en 70 países, y que controla desde su residencia en el cantón de Vaud.

Con fortunas superiores a los 700 millones de euros (978 millones de dólares) encontramos a la familia Bertarelli, que en 2007 vendió la biotecnológica Serono a la farmacéutica Merck; a Jorg Lemann, que compró Burger King y la cervecería estadounidense AnheuserBusch, así como a las familias Bemberg y Rothschild, con intereses en las finanzas.

De esta forma, en Suiza viven no menos de 377 multimillonarios, de los que 135 cuentan con fortunas cercanas o que superan los mil millones de francos suizos, según la última clasificación realizada por la revista económica suiza Bilan.

De acuerdo con esta publicación, el número de personas de nacionalidad suiza o con residencia oficial en la Confederación Helvética que detentan fortunas superiores a los cien millones de francos (106 millones de dólares) supera el millar.

El atractivo régimen fiscal que varios cantones suizos aplican a los más afortunados es, sin duda, una razón de peso para la presencia de tantos individuos y familias acaudaladas en este pequeño país, de apenas 7,5 millones de habitantes.

La estabilidad es otro factor de peso. Incluso la clase media defiende el régimen fiscal que beneficia a las grandes fortunas, que suelen percibir que en sus países de origen están “penalizados” por impuestos excesivos y son mal vistos por ser tan ricos.

Los ricos también aprecian la posibilidad de una vida “tranquila” y sin sobresaltos en Suiza, donde no sufren de la notoriedad o los riesgos asociados a la acumulación de tantos millones.

Escuelas de reputación internacional

Las grandes fortunas tienen también una predilección por Suiza debido a sus escuelas privadas e internados de reputación internacional, entornos propicios para tejer relaciones sociales que pueden resultar claves para futuras carreras y negocios exitosos.

Herederos no sólo de imperios económicos, sino de dinastías reales han pasado por esas exclusivas aulas, en las que se ha formado en las últimas décadas a la elite política y económica mundial.

Entre sus ex alumnos figuran, por ejemplo, el rey de Tailandia, Rama IX; Roger Agnelli, presidente de Vale, la mayor empresa privada de Brasil y segunda minera del mundo; los Matsumoto, dueños del Corporación Pionner en Japón; la primera dama francesa, Carla Bruni; el hijo de John Lennon, Sean, entre muchos otros.

Atractivo especial: legalizar fondos no declarados

Los expertos recuerdan que hay una razón de la que se habla menos cuando se trata de explicar el porqué tantos ricos viven en Suiza: el deseo de legalizar fondos no declarados y depositados en algún banco helvético, sobre todo después de la persecución internacional lanzada contra los grandes evasores fiscales.

También juega un papel inportante la posibilidad de adquirir una propiedad en Suiza, particularmente en algunas de las prestigiosas estaciones de esquí con que cuenta este país y cuya venta a extranjeros está regulada por un sistema de cuotas anuales.

Esa regulación no permite que esas ventas tengan lugar si el interesado mantiene su domicilio en el extranjero.

Esto explica, en parte, la elevada demanda inmobiliaria en Suiza por parte de extranjeros, para quienes Ginebra es, en el medio urbano, uno de los lugares de predilección.

En esta ciudad, con una gran actividad internacional, sólo uno de cada dos compradores tiene nacionalidad suiza. El resto cumple con el requisito de tener su domicilio oficial en la Confederación Helvética.

Datos publicados recientemente por la Oficina Cantonal de Estadísticas confirman esa evolución, pues si en el año 2000 el 28 por ciento de casas y departamentos fueron adquiridos por extranjeros, esa proporción ha saltado al 44 por ciento.

La diferencia entre unos y otros es que, atraídos por las colinas del barrio más pudiente de Ginebra y desde el que se domina el lago Lemán, los extranjeros son los que ahora compran los bienes más caros.

Si se les compara con lo que están dispuestos a pagar los suizos -con uno de los ingresos per cápita más altos del mundo-, los extranjeros están dispuestos a paga un 17 por ciento más.

Dentro de la composición de opulencia que discurre en Suiza están finalmente los multimillonarios -individuos o familias- que han logrado mantenerse prácticamente en el anonimato y que viven con toda discreción.

Por sectores, las fortunas que más han crecido en los últimos dos años son las vinculadas al negocio inmobiliario y de las materias primas, con la firma Glencore a la cabeza y su presidente, Willy Strothotte, alemán de origen, con una fortuna de entre 3.000 y 3.800 millones de euros.

Por tanto, no es leyenda que los ricos prefieran Suiza, para vivir, conducir sus negocios o jubilarse, y, en suma, vivir tranquilamente sin miradas inquisidoras sobre sus fortunas.

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