Aída Luz Villa: la hija de la leyenda vallenata

La heredera de Abel Antonio hace un homenaje a las madres jefes de hogar con su canción ‘Olvídalo’ y es número uno en México.

Ahora proyecta grabar en el 2015 al lado de los grandes del vallenato y la música típica de la costa  Caribe y Pacífica enfocánd

Archivo particular

Ahora proyecta grabar en el 2015 al lado de los grandes del vallenato y la música típica de la costa Caribe y Pacífica enfocánd

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abril 21 de 2015 - 04:25 a.m.
2015-04-21

Aída Luz Villa le dicen La Reina Vallenata, La Cantora de Dios o la Hija del Juglar de Juglares vallenatos, Abel Antonio Villa, el primero que grabó música valllenata; y con todas se siente cómoda e identificada porque la reflejan de alguna manera.

Desde la cuna creció entre acordeones, poesía y vallenato, pero le dejó a sus cuatro hermanos el privilegio de tocar el instrumento que su padre inmortalizó y ella optó por esa otra faceta que le heredó a Abel Antonio: componer, narrar e interpretar y esto la llevó a ocupar ya el primer lugar en México con su canción Olvídalo. Porque Abel Antonio fue un experto en narrar historias de manera muy descriptiva: contaba crónicas, hacía reportajes en forma de canciones, como La Muerte de Abel Antonio, que le dio la vuelta al mundo y con ella nació el género musical del Vallenato. Por esos días Abel Antonio Villa era muy reconocido y se iba a recorrer los pueblos con su acordeón. Un día mataron a un señor Abel Antonio en El Banco, Magdalena, y la noticia llegó a su casa donde de inmediato le comenzaron a hacer un velorio, como era tradicional, por nueve días, pero en la quinta noche apareció por la puerta el juglar de juglares, ¡vivo!

“La muerte de Abel Antonio/ en mi tierra la sintieron los muchachos/ Fueron cinco noches que me hicieron de velorio/ para mis nueve noches todavía me deben cuatro/ Abel Antonio no llores/ que eso le pasa a los hombres; Abel Antonio no te pongas a llorar/ que eso le pasa al que sale a caminar/. Un caso lastimoso/ es el que me ha pasado a mí, para que no le pase a otro yo se los voy a decir/ Oigan lo que es eso se acaba entre los dos/ me gana la muerte o me la gano yo”.

“A mi padre le dijeron que a Abel Antonio lo habían matado en El Banco/ Toda mi familia cerrada de negro llorando un muerto vivo y tienen que vestir de blanco/ Toda la familia mía de mi muerte la lloraban con duda/ y Abel Antonio llegó a los cinco días/ se ha presentado vivo para levantar su tumba”. Y ahí fue la locura, la canción sonaba en todas partes, siendo el primero que grabó música vallenata. Eso ocurre en 1947, cuando no se conocía lo que hoy se denomina música vallenata y en los estudios no se le tenía ninguna confianza ni se le daba protagonismo a la música de acordeón por considerársele demasiado provinciana, reducida a los círculos rurales de la costa.

Abel Antonio la sacó de allá y la inmortalizó. Compuso más de 101 canciones como Debajo del Higuerón o El Cigarrón Negro. Pero más allá fue el maestro de quienes luego serían sus sucesores, los juglares Lorenzo Morales, Moralito, Emiliano Zuleta, Leandro Díaz, Toño Salas y Alfredo Gutiérrez. Este año ya se cumple la 48 versión del Festival de la Leyenda Vallenata.

UNA MUJER QUE CANTA Y COMPONE MÚSICA VALLENATA

Acaba de lanzar su último disco, Olvídalo, que narra la historia de una mujer abandonada por su marido, quien la dejó por otra, quedando sola con sus hijos, para lo cual ella le plantea una solución diferente al despecho, a la víctima. “En mis canciones muestro salidas más sanas a situaciones comunes”, afirma Aída Luz, quien ya tiene esta canción en el primer lugar de sintonía en México y está entrando con fuerza en las emisoras y programas musicales colombianos.

Aída Luz, quien empezó a componer desde hace un par de décadas, decidió ahora dedicarse de lleno a la música, una vez siente que su labor como madre de tres hijos profesionales, uno de ellos el Gobernador de Santander, ya está muy avanzada. Ahora planea una gira por América Central, acaba de llegar de Cuba, donde recibió una fuerte acogida; quiere volver a México y llegar a diversos escenarios en la costa norte colombiana.

Alejandra Buitrago Salamanca