Amor y trabajo, los pilares de la felicidad

Ser feliz y alcanzar el éxito son decisiones personales. Ambos se logran con el ejercicio apasionado de una labor para la cual se disfruta en grande.

Felicidad

Las personas que tienen éxito se dedican en su trabajo a todo aquello en lo que confluyen su talento y su pasión.

Foto:123rf

POR:
Portafolio
diciembre 23 de 2016 - 03:34 p.m.
2016-12-23

El psicólogo húngaro, Mihaly Csikszentmihaly, destacado por sus estudios sobre la felicidad y la teoría de flujo, afirma: “La felicidad no es algo que sucede”. Sobre eso, podemos inferir que la felicidad se construye. La felicidad empieza con la decisión de ser feliz y se edifica paso a paso.

(Lea: Lograr la felicidad laboral sí es posible). 

La felicidad no se fundamenta en la esperanza de recibir lo que depende de otros: de que me nombren en el cargo deseado o de que me aumenten mi salario, o la esperanza de que no llueva, o la esperanza en el más allá. Esos son deseos que no dependen de nosotros.

¿Ser feliz es, entonces, tener lo que se desea?

No, porque el deseo es carencia, y en cuanto un deseo es satisfecho, ya no hay carencia y no hay deseo. Satisfacer un deseo produce placer, y el placer es efímero, es instantáneo, y conduce al hastío, o a la espera de que nuevamente aparezca el deseo.

Por tanto, ¿Dónde está la felicidad?


En el presente. Creada cada día, principalmente en el trabajo y el amor, los dos grandes pilares de la felicidad.

Según la encuesta de Vásquez Kennedy “¿Me hace Feliz mi trabajo?”, realizada con gerentes (septiembre - octubre de 2016), el principal bienestar y disfrute del trabajo proviene del gozo intrínseco de la labor que se realiza a diario.

(La felicidad laboral, un reto de dos caras). 

El poderse dedicar a hacer lo que hace, el gusto que deriva por la labor que desempeña a diario, y el sentimiento de que lo que hace “vale la pena”, es lo que provee directamente el mayor sentimiento de bienestar y felicidad con el trabajo.

Csikszentmihaly bautiza ese sentimiento como estado de flujo. Lo sienten quienes ponen en juego unas habilidades que son apropiadas para unas metas por resolver y que son retadas por ellas. Sus extensos estudios científicos sobre el tema definen ese estado como aquel en el que “uno actúa con un absoluto involucramiento que aleja de la conciencia las preocupaciones y frustraciones de la vida cotidiana, desaparece la preocupación por la personalidad, se vive el presente y el sentido de duración del tiempo se altera”.

El estado de flujo se encuentra cuando “nos enfrentamos a una tarea que tenemos al menos una oportunidad de lograr, (…) con unas metas claras, y que nos ofrece una retroalimentación inmediata”.

Según la encuesta, paradójicamente esta situación es más evidente para quienes alguna vez han sido despedidos de su empleo.

(Lea: En búsqueda de la felicidad laboral). 

Aunque parezca increíble, dos terceras partes de los encuestados que declararon haber perdido el empleo alguna vez, afirmaron que el nuevo trabajo los hizo más felices (26%), o mucho más felices (38%) que el anterior, aunque la mitad de ellos ganaron un menor salario en su nuevo empleo.

¿Por qué? Porque, pensamos, cada pérdida de empleo es una oportunidad para poner en tela de juicio los satisfactores del empleo perdido, revisar qué es lo que realmente puede producir felicidad en el trabajo… y buscarlo.

No debería ser necesario perder el empleo para alcanzar el estado de flujo. Autogestionar la carrera es tomar oportunamente las decisiones que le aseguren estar siempre en el trabajo correcto y tener éxito en él. Quienes tienen éxito se dedican en su trabajo a aquello en lo que confluyen su talento y su pasión, y vigilan su nivel de bienestar y disfrute, y toman decisiones en consecuencia.

Los emprendedores (esos gerentes que optan por ser independientes) con éxito, hacen aquello para lo cual tienen habilidad, o pueden desarrollarla. Los emprendedores de hoy se apoyan en redes de especialistas en los distintos campos, para ellos consagrarse a explotar sus propios talentos.

En resumen, la felicidad es una decisión personal. El éxito también. Y ambos se alcanzan mediante el ejercicio espontáneamente apasionado de una labor para la cual se tiene talento, y se disfruta en grande.

El poderse dedicar a hacer lo que hace, el gusto que deriva por la labor que desempeña a diario, y el sentimiento de que lo que hace “vale la pena”, es lo que provee directamente el mayor sentimiento de bienestar y felicidad con el trabajo.

LA MOVILIDAD LABORAL CONTRIBUYE AL BIENESTAR

La encuesta de Vásquez Kennedy detectó que la movilidad laboral, y hasta la pérdida del empleo son factores que aportan al bienestar, aunque hay límites.

“Trabajar a lo largo de la carrera en un número de 3, 4 o 5 empresas conduce a un nivel de satisfacción mayor con el trabajo que haber trabajado en una sola o dos empresas, o en cinco o más”
, advierte.

Solamente, dice el estudio, un 20 por ciento de los encuestados ha trabajado en una o dos empresas en su vida. Apenas un 4 por ciento reporta que se ha desempeñado en la misma organización.

Por su parte, el 38 por ciento ha trabajado en cinco o más empresas. Más de la mitad, un 58 por ciento, se ha desempeñado en cuatro o más organizaciones durante su vida laboral.

Otra conclusión es que las probabilidades de hacer transición a la independencia laboral se acentúan entre los 40 y 50 años de edad.

Respecto a la pérdida de empleo, las dos terceras partes de los que se han quedado sin trabajo por voluntad del empleador, señalan que el nuevo trabajo les proporciona más felicidad. Se declara “mucho más feliz” en su nuevo entorno laboral el 38 por ciento, “más feliz” el 26 por ciento, “tan feliz” el 24 por ciento, y “menos feliz” o “mucho menos feliz” el 10 por ciento.

Vásquez Kennedy identifica tres factores para explicar por qué en estas circunstancias el nuevo empleo genera felicidad: hay mayor gozo en el desempeño diario, se despiertan sentimientos de desarrollo profesional y se generan nuevos niveles de autonomía y delegación alcanzados.

“La crisis que genera esa situación lleva a que la persona replantee lo que desea de su nuevo trabajo y del resto de su carrera, y toma decisiones consecuentes. La gran mayoría logra un trabajo más satisfactorio que el que perdió”
, anota el estudio.

Un aspecto interesante es que los mayores niveles de bienestar lo expresan las personas entre los 40 y 50 años de edad. Es así como un 30 por ciento de los consultados entra al ‘club’ de los emprendedores, pero solamente la mitad se independiza efectivamente.

Por experiencia, la consultora ha observado una mayor inclinación de las personas que pierden el empleo a optar por cambios radicales en la vida laboral en respuesta a sus anhelos personales reales, lo que les permite ser más felices en su nueva vida profesional.

Cuando están por debajo de los 40 años es baja la probabilidad de tomar una decisión de esa naturaleza por las presiones económicas.

Adicionalmente, es claro que el ‘networking proactivo’ sigue siendo el canal más importante en el país para que los gerentes encuentren un nuevo empleo.
Así lo indica el 64 por ciento de los consultados. Otro 22 por ciento dice que la vía más expedita son los cazatalentos, en tanto que un 6 por ciento recurre a las redes sociales.

Camilo Vásquez
Especial para Portafolio

Tiene más de 30 años de experiencia profesional en Gestión Humana, 18 de ellos como consultor en Desarrollo Profesional. Hoy día es Gerente de Vásquez Kennedy – Career.

Siga bajando para encontrar más contenido