Anticuerpos, arma para luchar contra el cáncer

La investigación de los monoclonales sigue avanzando.

Juan Parra, doctor del Centro de Investigaciones Biomédicas en Red - Bioingeniería, Biomateriales y Nanomedicina (Ciber-BNN).

Agencias

Juan Parra, doctor del Centro de Investigaciones Biomédicas en Red - Bioingeniería, Biomateriales y Nanomedicina (Ciber-BNN).

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febrero 25 de 2014 - 12:58 a.m.
2014-02-25

Los anticuerpos monoclonales son fármacos diseñados para atacar un objetivo específico.

“Se fabrican en un laboratorio y, cuando se administran a los pacientes, funcionan como los anticuerpos que el cuerpo produce naturalmente”, señalan desde la Sociedad Americana de Oncología Clínica.

“Son fármacos considerados ‘diana’ o fármacos desarrollados contra una diana específica, con una función biológica relevante contra el cáncer.

“Los anticuerpos monoclonales son glucoproteínas que tienen la capacidad de reconocer moléculas específicas (antígenos).

Cada anticuerpo busca, de forma específica, el antígeno contra el cual ha sido diseñado”, explica Pilar Garrido, presidenta de la Sociedad Española de Oncología Médica (Seom).

Un antígeno es una sustancia capaz de inducir una respuesta inmunitaria, ya que el sistema inmune (las defensas del organismo) la reconoce como una amenaza.

La doctora Garrido manifiesta que, hasta la fecha, y gracias a distintas técnicas de ingeniería genética, se han desarrollado múltiples anticuerpos monoclonales para combatir determinados tipos de cáncer.

Estos pueden ser murinos (0 por ciento humanos), quiméricos (60-70 por ciento humanos), humanizados (90 por ciento humanos) y humanos (100 por ciento).

Según recoge el informe “Anticuerpos monoclonales terapéuticos”, elaborado por Genoma España, en los anticuerpos murinos el 100 por ciento del anticuerpo procede del ratón.

“Las aplicaciones terapéuticas de estos anticuerpos se han visto limitadas debido a la respuesta que producen en el ser humano, cuyo sistema inmune los reconoce como extraños y genera sus propios anticuerpos frente a ellos”, detalla el citado informe.

En los anticuerpos quiméricos, sin embargo, “las regiones variables proceden del ratón y las regiones constantes son humanas.

Con esta estrategia se consiguió reducir la respuesta inmune que se producía frente a los anticuerpos murinos”, añade.

En los anticuerpos humanizados “solamente las regiones CDR de las partes variables proceden del ratón, mientras que el resto del anticuerpo es de origen humano”, indica este trabajo.

Por su parte, los anticuerpos denominados humanos son de origen humano en su totalidad, lo que reduce el riesgo de producir una respuesta inmune, aclaran los autores de este informe.

“Los anticuerpos monoclonales son altamente específicos contra los antígenos expresados en la célula tumoral”, subraya la doctora Garrido.

La oncóloga explica que los mecanismos de acción de estos fármacos, a nivel celular, se clasifican en dos categorías: una de acción directa y otra indirecta.

EFE

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