¡Aplazando la muerte!

El sueño milenario de la inmortalidad. El interés por la criopreservación aumenta cada día.

Según el científico alemán Klaus Sames, el sueño milenario de la inmortalidad, se hará realidad en unos 150 años.

EFE

Según el científico alemán Klaus Sames, el sueño milenario de la inmortalidad, se hará realidad en unos 150 años.

Tendencias
POR:
octubre 22 de 2014 - 06:31 a.m.
2014-10-22

Nadie sabe muy bien lo que podría pasar si la población empezara de pronto a vivir eternamente.

Un fenómeno ansiado por la sociedad, pero absolutamente contrario a las normas de la vida, que provocaría un desafío demográfico difícil de administrar. Así lo retrató José Saramago en Las intermitencias de la muerte, una novela en la que un primero de enero en un país imaginario, la muerte deja temporalmente aparcada su guadaña y los humanos dejan de morir.

Según el científico alemán Klaus Sames, el sueño milenario de la inmortalidad, sobre el que Saramago reflexiona con humor y sarcasmo en su novela, se hará realidad en unos 150 años. En este tiempo, los investigadores encontrarán la forma de revivir células congeladas.

Además, el científico, que ha estudiado el proceso, denominado ‘criopreservación’, durante 18 años, confía que los cuerpos serán devueltos a la vida sin fallos orgánicos.

Por increíble que parezca, la aspiración de Sames se traduce en un negocio multimillonario que amenaza con interferir en el avance normal de la ciencia. Aunque mientras tanto, los principales grupos de investigación en Estados Unidos y Rusia se enzarzan en una polémica con tintes agrios sobre el verdadero sustento de este proceso, que hasta el momento promete beneficios no demostrados.

¿CIENCIA-FICCIÓN?

Francisco Roldán, socio fundador del Instituto Europeo de Criopreservación (Iecrion), una sociedad limitada que tiene como objetivo crear en España el primer centro de investigación de criopreservación, así como el primer ‘cementerio humano de cadáveres congelados’, asegura que hoy es imposible devolver a la vida a personas que han fallecido, pero considera que, con las evidencias científicas que existen, el día de mañana sí puede ser posible.

El método consiste en bajar la temperatura del cuerpo hasta los -130 grados, extraer la sangre e introducir en su lugar un líquido criogénico, “una especie de anticongelante”, aclara el socio fundador. Así, se evita que se formen cristales de hielo que rompan las “estructuras celulares”.

Finalmente, el cuerpo se introduce en una cápsula especial llena de nitrógeno líquido, donde queda vitrificado o cristalizado en tres dimensiones: “Una imagen mucho más agradable que un cadáver lleno de gusanos”, apunta Roldán.

Para ser criopreservado es imprescindible que el fallecimiento se produzca por muerte natural o por enfermedad, pues este procedimiento no es posible en caso de accidente grave, cuando el cuerpo queda muy dañado, o en aquellos casos en los que se requiera practicar una autopsia.

Roldán, consciente de que lo que cuenta es casi ciencia-ficción, explica que los descubrimientos científicos siempre suenan utópicos hasta que son demostrados: “Si hace 25 años yo hubiera dicho que iba a existir un aparato como el iPhone 5, nadie me hubiera creído. La criopreservación es igual, pero nosotros consideramos que, si no probamos lo imposible, jamás sabremos a dónde llegan los límites de lo posible”.

UNA ALTERNATIVA A LA MUERTE

Actualmente, existen solo tres organizaciones en todo el mundo que ofrezcan este servicio: el Cryonics Institute (CI) en el Estado norteamericano de Michigan, Alcor en Arizona y el KrioRus en Rusia.

En otros países, sí operan empresas privadas de criopreservación de tejidos, como los de los cordones umbilicales, pero no de cadáveres. En parte, porque las normativas que regulan la actividad funeraria no han normalizado todavía esta actividad.

El precio ronda los 150.000 mil euros (191.000 dólares), aunque esta cantidad varía en función de la edad de los usuarios, que deben tener entre 18 y 40 años. A pesar de su elevado costo, ya son 1.000 los cuerpos en EE. UU que se encuentran criopreservados, y 2.000 personas más han solicitado ser conservados cuando fallezcan.

EFE