Brasil quiere posicionar sus vinos en el mercado mundial

El país suramericano quiere conquistar su propio espacio en el mercado internacional con licores que, espera, se conviertan en su sello frente al resto del mundo.

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octubre 02 de 2012 - 12:57 a.m.
2012-10-02

Los productores de vinos finos de Brasil aspiran a conquistar un nicho en el mercado internacional, como los argentinos o chilenos, y con ese fin han intensificado su divulgación y promoción en Estados Unidos, Europa y Asia.

“Somos pequeños productores en relación a otras regiones, pero estamos comenzando a despertar frente al viejo mundo”, dijo el presidente del Instituto Brasileño del Vino (Ibravin), Alceu Dalle Molle, durante un acto en Bento Gonçalves, la capital vinícola de Brasil, situada en el estado de Río Grande do Sul.

Dalle Molle señala que así como Argentina ha ganado mercados con su producción de tintos elaborados con uva Malbec, y Chile lo ha hecho con Carménere, Brasil está comenzando a abrirse puertas con los espumosos de la casta Chardonnay, que junto con la Merlot es de las que mejor se ha adaptado al suelo y condiciones climáticas del sur del país.

Según datos divulgados por Ibravin, las bodegas participantes en el programa “Wines of Brasil”, que tiene el apoyo de la Agencia Brasileña de Promoción de las Exportaciones (Apex-Brasil), vendieron al extranjero 1,85 millones de dólares durante el primer semestre del 2012, un 86 por ciento más que en el mismo periodo del 2011.

Son cifras modestas si se tiene cuenta que la vitivinicultura generó el año pasado cerca de 2.000 millones de reales (unos 1.000 millones de dólares) en la economía brasileña, pero Della Molle considera que el proceso de internacionalización va por buen camino.

“La apertura de nuevos mercados es cuestión de tiempo”, afirma el presidente de Ibravin.

En volumen, las exportaciones del primer semestre fueron de 760.300 litros, 142 por ciento más que entre enero y junio de 2011.

Para dar a conocer los vinos finos en el exterior, Ibravin y la Apex-Brasil han organizado en los últimos meses campañas de divulgación y ruedas de negocios en varias ciudades de Estados Unidos, Alemania, Holanda, Polonia, Suecia, Finlandia, Reino Unido y China, su principal comprador.

En dichas campañas han participado algunas de las vinícolas más importantes de Brasil, como Aurora, Casa Valduga, Basso, Miolo, Salton y Lidio Carraro, casi todas de Bento Gonçalves o municipios vecinos.

Un éxito de los caldos brasileños fue la elección de un tinto de Miolo como el vino oficial de los pasados Juegos Olímpicos de Londres, para los cuales la empresa produjo un corte de Shiraz, Tempranillo y un toque de Gamay.

Según explicó Miguel Almeida, enólogo de Miolo, el tinto de esa bodega fue embotellado en Francia, pero con rótulo brasileño para la Bibendum Wine Limited, encargada de suministrar el vino en los Olímpicos.

“Estamos construyendo la imagen de los vinos brasileños.

Es un trabajo que comienza a aparecer”, dijo Almeida, portugués radicado hace algunos años en el país suramericano.

Los bodegueros advierten, sin embargo, que aunque la calidad de sus vinos mejore año tras año, la alta carga tributaria, que encarece la producción, dificulta las exportaciones.

“La mayor dificultad está en el precio porque los impuestos encarecen demasiado la cadena productiva”, dice Daniel Panizzi, gerente de Don Giovanni, bodega que recientemente comenzó a exportar para República Checa, su primer mercado externo.

Según Panizzi, “los importadores llegan a Brasil con unas expectativas (de precios) que pocas vinícolas consiguen atender”, lo que obstaculiza la apertura de mercados a los pequeños productores.

Una experiencia diferente es la de Casa Valduga, propietaria de varias vinícolas en la región, que hace siete años lanzó el Programa Mundvs, mediante el cual produce vinos en Argentina (Malbec) y Portugal (Regional Alentejo) con socios locales.

TURISMO Y GASTRONOMÍA, SUS DOS GRANDES ALIADOS

La cultura vitivinícola del sur de Brasil ha integrado otros sectores económicos, como el turismo y la gastronomía, para agregar valor a una industria que constituye una señal de identidad de esa región del país.

La producción de vinos finos se concentra principalmente en las regiones de la Serra Gaucha y la Campaña, ambas en el meridional estado de Río Grande do Sul, donde predominan los descendientes de italianos y alemanes, que hace más de un siglo introdujeron la viticultura en la zona.

En la Serra Gauch la vocación agroindustrial de los descendientes de italianos se ha aliado al turismo para crear un circuito temático que atrae cada año a miles de visitantes de otras partes del país y el exterior. “El enoturismo es la ratificación de la importancia de una región productora de vinos”, explicó Orestes Andrade Jr., asesor de la Ibravin, quien compara la oferta con la de Burdeos y Borgoña (Francia), y Mendoza (Argentina).