La Casa de la Belleza, un thriller que no da respiro

Al cabo de un recorrido por la novela y el cuento, Melba Escobar ha decantado su escritura hasta llegar a este texto, en el que pone en juego todo su instrumentarium al servicio de esta nueva historia.

La Casa de la Belleza, la más reciente novela de la escritora Melba Escobar.

Claudia Rubio / Portafolio

La Casa de la Belleza, la más reciente novela de la escritora Melba Escobar.

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febrero 21 de 2015 - 01:14 p.m.
2015-02-21

Después de ‘Johnny y el mar’ y ‘Duermevela’, Melba Escobar regresa a la ficción con una novela que impacta.
Al cabo de un recorrido por la novela y el cuento, Melba Escobar ha decantado su escritura hasta llegar a este texto, en el que pone en juego todo su instrumentarium al servicio de un thriller que no da respiro. Es una prosa contenida, reticente, despojada de todo lo que pueda distraer, de todo lo que se pudiera interpretar como un guiño “literario”.

Si es posible decirlo con una expresión traída del periodismo, es una literatura “pura y dura”, que no se detiene en interiorizaciones farragosas, porque si se trata de reflexión, de manera paradójica, la novela es en sí misma una reflexión.
Reflexión en el sentido más preciso. Vuelta de la mirada sobre algo.

Este algo son las mujeres. Karen, la protagonista, es una cartagenera joven que viene a Bogotá y se sumerge en un mundo que le parece ajeno, pero que finalmente la involucra.
La novela nos muestra el país desde esta óptica femenina. En nuestra literatura no faltan las novelas de perspectiva femenina, a veces limitada.
Si en cincuenta o cien años alguien quisiera saber cómo eran las mujeres de comienzos del tercer milenio –no puede decirse que solo en Colombia–, La Casa de la Belleza sería un documento de primera mano, con una virtud: abarca toda la gama social. Sin ser novela sociológica. Ni psicológica.
En ella, la acción absorbe al lector hasta la página final. La acción define a los personajes.
Quienes se dejen seducir por esta historia encontrarán subrayables: un ir y venir sin estridencias del estrato más bajo al más alto de la sociedad; un conocimiento de la psicología masculina que remonta cierta visión maniquea, estereotipada, que se suele ver en la escritura femenina; el manejo sin rubores de una identidad lingüística muy bien atrapada, elegante. Una sosegada madurez.

(La Casa de la Belleza, Editorial Emecé)

Francisco Celis

Editor de EL TIEMPO