Cáscaras de arroz, luz para la India más pobre

Husk Power Systems ha conseguido que lo que antes no tenía utilidad sea ahora la materia prima de 84 plantas que, mediante un proceso de gasificación, convierten este subproducto del arroz en energía.

Husk Power Systems ha conseguido abastecer de electricidad a zonas rurales del estado de Bihar.

Archivo particular

Husk Power Systems ha conseguido abastecer de electricidad a zonas rurales del estado de Bihar.

Tendencias
POR:
agosto 29 de 2014 - 01:14 a.m.
2014-08-29

La cáscara del arroz es algo que antes no tenía uso alguno y que ahora sirve para llevar energía, por apenas dos dólares al mes, a cada vez más aldeas del norteño estado indio de Bihar, tan poblado como carente de servicios, y en el que un 85 % de la población es rural.

Husk Power Systems es el nombre de este sueño convertido en realidad que, a finales del 2007, empezaron a dar cuerpo cuatro visionarios empeñados en convertir las cáscaras en electricidad, según explica uno de ellos, Manoj Sinha.

ENERGÍA LIMPIA CON COSTO ASUMIBLE

Sinha, Gyanesh Pandey, Ratnesh Kumar y Chip Ransler, ingenieros y empresarios, decidieron apostar por una energía limpia y barata para millones de personas sin luz en la India.

“Formamos una alianza estratégica con la Fundación Shell, una entidad británica en apoyo del desarrollo sostenible, que nos dio la financiación, a la que posteriormente se unió el apoyo de otras fundaciones y de programas del BM y de la ONU”, relata Manoj Sinha.

Acumen Fund, Bamboo Finance, LGT Venture Philanthropy e IFC son algunos de estos benefactores.

Husk Power Systems ha conseguido que lo que antes no tenía utilidad sea ahora la materia prima de 84 plantas que, mediante un proceso de gasificación, convierten este subproducto del arroz en energía.

Estas plantas alumbran ya a unas 250.000 personas en 350 localidades de Bihar, el tercer estado más poblado de la India, con casi 104 millones de habitantes en una superficie de unos 94.000 kilómetros cuadrados.

Cerca de 1.000 habitantes por kilómetro cuadrado lo convierten en el de mayor densidad poblacional del gigante asiático, pero con 70 millones de personas sin acceso a la electricidad.

Un problema que intenta solucionar esta empresa, mediante ideas innovadoras a la vez que económicamente viables y sostenibles desde el punto de vista del medioambiente.

“Damos una solución global, ya que los clientes que reciben esta electricidad utilizan unos novedosos contadores prepago, con lo que saben lo que van a pagar cada mes”, comenta el empresario.

El responsable del área de energía de Acumen, una de las organizaciones que apoya esta iniciativa, Abhay Garg, subraya que esta entidad decidió aportar 1,8 millones de dólares a Husk Power Systems en 2010 al comprobar “el impacto social logrado mediante una energía limpia con un coste asumible”.

EL VATIO A UN DÓLAR

“Además, siguen innovando para explorar nuevas áreas en las que apoyar a las comunidades rurales, como los minipaneles solares, compartiendo con ellos su fe en las oportunidades de cambio para mejorar la vida diaria”, añade Garg.

Una energía que se transporta en cables sostenidos por postes de bambú, para reducir costos en comparación con los tradicionales de cemento.

Las tarifas parten de los dos dólares al mes, un precio suficiente para encender dos bombillos y alimentar un cargador de teléfono celular, aunque también se puede contratar más potencia a un precio muy asequible.

La empresa ha creado ya 375 empleos en una zona deprimida, entre las plantas de generación y la red de distribución, a los que se suman otros 75 de mujeres que convierten las cenizas resultantes del proceso de gasificación en incienso. Cada planta tiene capacidad para procesar unas 132 toneladas de arroz, de las que resultan 40 toneladas de cáscara, para obtener 27 megavatios de electricidad, con un coste de apenas un dólar por vatio, suficiente para abastecer la demanda de unos 500 usuarios.

EFE