Ella es Catalina Escobar, Emprendedora Social del año

Esta colombiana se define como un ‘bicho raro’. El Foro Económico Mundial y la Fundación Schwab la destacó como uno de los 33 emprendedores sociales del 2015.

Ella es Catalina Escobar, Emprendedora Social del año

Archivo particular

Ella es Catalina Escobar, Emprendedora Social del año

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abril 02 de 2015 - 12:14 a.m.
2015-04-02

‘Mama Cata’ estaba en La Heroica cuando recibió la noticia: es la única mujer de América Latina en hacer parte del prestigioso club que le declaró la guerra a la pobreza… y se la está ganando.

Desde  todos los rincones del mundo, estos líderes asumieron sueños que sus gobiernos no pudieron llevar a cabo como responsabilidades. Se atrevieron a ‘lanzarse al vacío’ por quienes, para ellos, valen la pena su riesgo: niños sin acceso a la educación en Pakistán, poblaciones marginalizadas en el Líbano, pequeños en las montañas de India que no pueden asistir a la escuela.

Por su lucha, ellos se merecieron la atención de la institución internacional que logra convocar una vez al año, en un solo auditorio, a las ‘cabezas’ más poderosas del planeta: el Foro Económico Mundial. Y en su radar está la colombiana Catalina Escobar.

“Es un gran honor. Me cogió por sorpresa”, responde, como si no hubiese sido la única de habla hispana  en el ‘top 10’ de héroes de CNN en 2012, no hubiera recibido de manos del presidente Santos la Orden Nacional al Mérito en grado Cruz de Plata y medios como Portafolio y Semana no hubiesen aplaudido su labor.

Pero así es Catalina, sin egos ni autoalabanzas, la mujer que le ha robado a la muerte más de 3.000 pequeños y ha prendido una luz de esperanza en los corazones de cerca de 2.800 niñas.  

Su lucha es que el país entienda que un embarazo a los 15 años y en condiciones económicas preciaras se convierte en el flagelo que hoy retiene a muchas mujeres y niños bajo la franja de pobreza, una realidad que merece ser enfrentada con mayor decisión. 

‘Mamá Cata’ tiene claras las cifras. “Una de las principales causas de mortalidad infantil en el mundo es el embarazo adolescente. Una niña que se embaraza dificulta su progreso, pero un segundo embarazo reduce sus posibilidades a cero” cantaletea, con cierto matiz de desespero en una voz que decidió alzarse hace más de una década.

“El país ha evolucionado asumiendo este tipo de problemáticas, pero todavía le falta mucho. Colombia tiene que enfrentar los temas de pobreza con más seriedad”, sentencia.

Más trágico que las obvias consecuencias resulta ser la realidad: cada año, 7,3 millones de niñas menores de 18 años dan a luz en promedio a 7,5 millones de bebés alrededor del mundo y el 95 % de estos dramas ocurren en países en desarrollo, como Colombia, en donde una de cada cinco jóvenes entre los 15 y los 19 años es madre o está embarazada, según cifras de Minsalud del 2013.

Para Catalina, estos números tienen rostros y recuerdos. Era 2001. Estaba de voluntaria en el hospital Rafael Carvo donde, para ese entonces, se recibían el 59 % de los nacimientos en Cartagena. Ella tenía a un bebé de 12 días de nacido en brazos que falleció a los pocos minutos. Su mamá, una adolescente, no tuvo $60.000 para comprarle los medicamentos que el pequeño necesitaba para sobrevivir. Era el dinero que 'mamá Cata' tenía en su bolsillo ese día.

“Yo no podía creer que la falta de recursos fuera la razón por la que una mamá tuviese que enterrar a su hijo”, recuerda con un sentimiento que desgarra sus palabras y aun las hace sonar dolorosas, 14 años después. Días más tarde, Juan Felipe, su segundo hijo, cae de un octavo piso y muere.

Pero lo que siguió al dolor no fue resignación. Para ese entonces, era una administradora de empresas con un MBA que, como la mayoría, soñaba con sacar su profesión adelante. Sin embargo, las cosas se dieron de otra manera y Catalina hizo mucho más que eso.

Fue después de lo sucedido cuando decidió darle vida a la Juanfe, donde cientos de niñas al año hacen honor a lo que se apoderó del alma de su fundadora luego de su drama personal: resiliencia.

La Fundación Juan Felipe Gómez Escobar nació en Cartagena cuando la ciudad doblaba el promedio nacional de embarazos en adolescentes. Hoy el ‘corralito de piedra’ ha disminuido estos números en un 80 %.

Tras los muros de la Fundación no están víctimas extendiendo sus manos para recibir lo que por derecho propio les pertenece. Sus pasillos los recorren mujercitas que decidieron ser la excepción a las cifras con las que la cruda realidad se empecina  en rotularlas y pequeños héroes que, como dice Catalina, nacieron luchando con la vida.

Allí, mamás y bebés reciben atención médica. A las niñas se les acompaña en su restablecimiento psicoafectivo, en la continuación de sus estudios y en ‘afilar la espada’ con la cual batallan contra la pobreza, ese flagelo al que las sometieron antes de nacer. Aprenden oficios propios de los sectores hotelero, turístico y belleza. “Son los servicios que más demanda Cartagena”, explica Mariana Lersundy, coordinadora de comunicaciones de la Juanfe.

“La idea es que se empoderen, que salgan adelante, que  logren unas condiciones laborales sostenibles y de calidad”, añade Mariana.

Pero a ‘Mamá Cata’ no le ha faltado ‘mano dura’ con sus niñas. Para que la Fundación las acepte, deben ser menores de 19 años, estrato 1 o 2 y embarazadas de su primer hijo o que el bebé tenga menos de 1 año. “Somos muy tercos seleccionando a las niñas más ‘berraquitas’”, confiesa Catalina, con orgullo de madre.

Una vez adentro, el riesgo de salir  se resume en un error: quedar embarazada por segunda vez. “Si te sucede es que no aprendiste la lección, mi reina”, dice con una dureza que sabe a dulzura, receta única de los regaños maternales. Pero, más allá del 'jalón de orejas', es un tema que le preocupa. “No hay nada más nefasto para este cuento que la deserción”, reflexiona.

‘DICEN QUE TÚ Y YO ESTAMOS LOCOS’

‘Dar a luz’ a la Juanfe no fue sencillo. Y lo que quiso frenar el proyecto no tuvo que ver con las historias de vida que ‘Seño Cata’, como también le dicen en la Fundación, ya cargaba a sus espaldas.

“Los primeros años fueron muy duros. El país no tenía claro el concepto de empresa aplicado a la fundación. Yo propuse algo mucho más agresivo que la caridad. Me decían que estaba loca: ’acaba de enterrar a su hijo y está en estas’. No creían en mis planes. Me ha tocado demostrarles que tengo razón, que el tema merece toda la relevancia del caso, que voy muy en serio con la Fundación”, dice. Su voz se templa, entona los puntos neurálgicos de lo que suena como su ‘declaración de vida’ y la cual no permite réplicas.

Ella está convencida de lo que es y representa: una emprendedora social. “Somos unos bichos raros que vamos mucho más allá que el resto. Generamos transformaciones sociales de verdad. No descansamos hasta conseguir los resultados que perseguimos. Creamos valor e impacto social”, define con un orgullo que sobrepasa los límites de lo personal al ver que no es solo ella quien le está creyendo a este cuento.

Y con mucha razón. Catalina ha visto esas palabras cómo, más que sonar bonitas en el papel, conmueven en la realidad.

“Me impresiona ver una y otra vez niñas que han estado en el más absoluto abandono y al cabo de tres años están empoderadas, han sido capaces de reponerse al dolor. Mujeres que han tomado decisiones acertadas y están rompiendo con el ciclo de pobreza en el que se ven envueltas”, cuenta, por primera vez, sin cantaletear.

En un mes, la 'locura' de la Fundación llegará a Panamá y ya tiene como destinos por agendar Bogotá, México y Guatemala.

LO QUE LAS LUCHADORAS LE ENSEÑARON A LA HEROÍNA

Catalina reconoce que al enfrentarse a este tipo de labores es usual creer que ‘uno es el salvador’, y es mucho más lo que la comunidad con la que se trabaja tiene por enseñar.

“Ellas me han mostrado el sentido de la humildad, cómo son felices con tan poco, ellas, las más olvidadas del país” dice, y su voz, que hasta ahora había sido imponente y firme, se atenúa, casi como si estuviese arrullando a un bebé de la Juanfe. 

Ana María Gutiérrez L.

@GutierrezAnaMa