Acoso sexual al descubierto

Denunciar públicamente a los abusadores es el primer paso. El verdadero test es como va a reaccionar el resto de la gente.

El porcentaje de personas que piden algún tipo de ayuda cuando sufren de acoso sexual en el trabajo es bajo, ya que solamente el

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Portafolio
octubre 27 de 2016 - 10:37 p.m.
2016-10-27

Si creemos los pronósticos de los expertos y las noticias de los diarios, a Donald Trump, el candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos, le llego la caída. No solo porque es un individuo incapacitado en todo sentido para ocupar el cargo más importante del mundo.

Tampoco porque finalmente los más prominentes miembros del partido que representa lo están abandonando, ni porque cada vez que abre la boca dice algo aún más prejuicioso, ofensivo, humillante, insultante contra minorías, Hillary Clinton, el presidente Obama, la prensa, los militares, los mejicanos y el resto de una lista interminable.
Lo que está tumbando a Trump son las mujeres.

Con sus repetidos e innumerables comentarios a lo largo de su vida y especialmente a lo largo de su campaña presidencial, fanfarroneando acerca de sus conquistas de mujeres en términos vulgares y despectivos, dándose ínfulas sobre su preferencia por tratamientos degradantes y presumiendo de sus agresiones sexuales, Trump finalmente llenó el vaso hasta de las más rábidas conservadoras que hasta ahora lo habían apoyado.

El efecto de lo que está ocurriendo en los Estados Unidos no se ha hecho esperar gracias a las redes sociales y finalmente el tema de la permanente, extendida y generalmente aceptada agresión sexual de mujeres de todas clases y estratos en todas partes del mundo por parte de hombres con algún nivel de poder sobre ellas, sale del lugar secreto adonde generalmente lo hemos guardado por equivocada vergüenza, por temor de perder un trabajo, por pudor o por miedo.

Apoyo en redes sociales

No hace mucho se disparó la noticia de una mujer que decidió exponer su caso de abuso sexual en el trabajo por parte de uno de sus jefes. Ella abrió una cuenta en una de las redes sociales e invitó a las mujeres del mundo a escribir, como ella, sobre sus casos de abuso. La avalancha de respuestas no ha cesado. Ella esperaba un par de miles, hasta ahora superan muchos millones y siguen apareciendo.

Hace un par de años yo decidí publicar mi propia experiencia en una columna para el diario Portafolio, describiendo la ocasión cuando siendo una joven periodista fui atacada inesperadamente por quien era entonces el recién nombrado director de la desaparecida empresa de buses de Bogotá, una entidad que terminó consumida por la corrupción endémica que la agobiaba, a quien estaba entrevistando.

La entrevista terminada, me disponía a salir cuando el tipo me acorraló contra una pared, intentando besarme mientras se frotaba contra mí. El terror me dio fuerzas para empujarlo y salir corriendo y luego guardar silencio por años, como si hubiera sido mi culpa y además porque él era buen amigo de mi editor.

Desde entonces he oído incontables historias de amigas, familiares, conocidas que han sido víctimas de avances lascivos por parte de hombres con algún poder sobre ellas. Para esta columna volví a hacer un sondeo rápido entre 10 mujeres conocidas y para mi sorpresa TODAS tenían una experiencia que contar.

El dentista que aprovechando que la tenía acostada en la silla, se le echó encima a una colega e intentó violarla. La nueva secretaria a quien el jefe le ofreció favores especiales a cambio de fellatio y un sueldo mejor si estaba dispuesta a más. La amiga a quien el medico que la estaba examinando comenzó haciendo preguntas relacionadas con su vida sexual y luego procedió a meterle las manos en la entrepierna.

Comportamiento sexual

El resto de esta columna y muchas otras no serían suficientes para enumerar tantas historias. Pero nada de eso es sorpresa para la mayoría de las mujeres del mundo. Como tampoco es raro escuchar todavía a hombres como Donald Trump hablar libre y abiertamente sobre su comportamiento sexual depredador y alardear sobre besar y tocar mujeres.

Como dijo recientemente Michelle Obama, la primera dama de los Estados Unidos en un admirable discurso sobre el comportamiento de Trump con las mujeres: “Es ese sentimiento de terror y violación que tantas mujeres han sentido cuando alguien las ha agarrado contra su voluntad, o forzado indeseadas atenciones aunque ellas han dicho que no - algo que sucede en los campus universitarios, sitios de trabajo y en un
sinnúmero de otros lugares. Todos los días-. Nos recuerda las historias que escuchamos de nuestras madres y abuelas sobre cómo, en otros tiempos, el jefe podía decir y hacer lo que quisiera a las mujeres en la oficina, a pesar de que ellas trabajaban tan duro para superar tantos obstáculos y probar su capacidad. Pero eso nunca era suficiente”.
Pero las cosas están cambiando.

El repudio global a los vulgares comentarios de Trump, la denuncia sobre el extraordinario número de casos de acoso sexual que según encuestas afecta a más del 65% de mujeres en el mundo, el discurso de Michelle Obama y de otras prominentes mujeres llamando la atención sobre la extensión del problema, evidencian ese cambio.
Denunciar públicamente a los abusadores es el primer paso. El verdadero test es como va a reaccionar el resto de la gente, los hombres decentes, los padres de familia, los líderes de instituciones. Ignorando las denuncias, rechazándolas o diciendo que en realidad ¿la cosa no es tan grave?

Cecilia Rodríguez
Especial para Portafolio
Luxemburgo