Los ciberespías, al acecho de los no famosos

Los ‘smartphones’ han disparado su influencia

Los ciberespías, al acecho de los no famosos

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Los ciberespías, al acecho de los no famosos

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septiembre 10 de 2013 - 02:55 a.m.
2013-09-10

Con el auge de los ‘smartphones’, las tabletas, los miniportátiles y las cámaras, conectados a internet permanentemente, cada vez es más fácil registrar situaciones comprometedoras y, de inmediato, subir esa información a la red, dejando al descubierto relaciones, aficiones o gustos, en un claro delito contra la privacidad y la seguridad personal.

Este tipo de ‘paparazzi’ improvisados no sigue a los famosos, sino que está al acecho de personas del común en parques, playas, sitios públicos o, inclusive, en los espacios que pueden considerarse ‘ocultos’ para lograr sus escenas y ‘colgarlas’ en portales de internet especializados en ese material, sin el consentimiento de los involucrados.

LAS PLAYAS, UN ESCENARIO PREDILECTO

Aunque ocurre a lo largo de todo el año, “el voyeurismo digital en playas y espacios públicos es el acto de gamberrismo electrónico más frecuente en verano”, según un análisis de Francisco Canals, director de Identidad Legítima (www.identidadlegitima.com), consultora dedicada a defender la reputación digital y el derecho a la intimidad en Internet.

“Videos de mujeres tomando el sol en ‘top less’, imágenes de hombres con atractivos cuerpos o parejas en situaciones comprometedoras, son tan solo algunos de los ejemplos del voyeurismo digital, una mala práctica que consiste en tomar imágenes o videos de bañistas para posteriormente difundirlas por la red”, explica Canals, que también dirige la Agencia para la Picaresca (www.fcanals.com), especializada en informar de fraudes, estafas y timos al ciudadano.

Según Canals, el auge de los ‘smartphones’ ha disparado esta práctica, un claro delito.

El experto anota que España lidera el uso de este tipo de teléfonos en Europa, pues un 63,2 por ciento de los consumidores españoles posee un celular de este tipo y la tasa supera a la de Reino Unido, Francia, Italia y Alemania.

Así también, recuerda que el voyeurismo digital saltó a los medios hace cuatro años cuando en internet empezaron a proliferar los primeros sitios web con fotos robadas a bañistas.

El problema se agrava aún más porque las víctimas son anónimas, ya que desconocen que su imagen se ha convertido “en objeto de exhibición”.

Encontrar a las víctimas ya no es tan complicado, “pues existen ‘mapas voyeur’ en internet, lugares como zonas boscosas cercanas a playas, miradores con vistas a playas u otros espacios estratégicos, donde perpetrar su acción con mayores posibilidades de éxito”.

Finalmente, explica Canals, se supone que en la mayoría de los casos el cibervoyeur es hombre, pero se desconoce su actuar como su origen. “No hay un perfil claro de cibervoyeur: puede ser un adolescente gamberro, pero también un jubilado”.

EL MIRÓN ELECTRÓNICO, UNA ANOMALÍA EMOCIONAL QUE SOBREPASA LÍMITES

Para Canals, un mirón electrónico es el que “realiza las fotos y videos por puro afán de coleccionismo, diversión o autocomplacencia sexual y pocas veces movido por un afán de beneficio económico, como si lo hacen los ‘paparazzi’ con personalidades públicas.

El problema ha tomado tal magnitud, que según el experto, “en algunos lugares de Estados Unidos ya se prohíbe acceder con móviles a algunas playas de hoteles o 'resorts', y está prohibida la entrada con celulares a las zonas de baño de piscinas públicas, parques infantiles y centros escolares”.

“En otros países, donde la intimidad es casi cuestión de vida o muerte, como en Arabia Saudita o Corea del Sur, existen grandes presiones para que los fabricantes de móviles incorporen dispositivos capaces de emitir un sonido por cada foto tomada pudiendo, de esta manera, advertir al entorno”, que existe un ciberespía cerca.

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